Alcalá de Henares, 4 de octubre de 2026.- Comencemos con una pregunta a nuestros lectores que encierra una hipérbole- ¿Ha jugado hoy el Alcalá en el Val? Sí, ha habido un partido en el que había once personas vestidas de rojo frente a un equipo vestido de amarillo, el Navalcarnero.
Desde luego que los que han saltado al terreno de juego vestidos de rojo no han jugado al fútbol. Ha sido otra cosa. Se han visto superados en todas las líneas del campo por el equipo de amarillo que no es que sea un equipazo, ni mucho menos. Pero sí ha sabido a qué tenía que jugar y lo ha hecho bien. Todo lo contrario que el Alcalá, que ha estado en las antípodas del fútbol que quiere Ángel Vivar Dorado, el de posesión y dominio del juego y exquisito trato con el balón. El Alcalá no ha tenido el balón y cuando lo ha cogido no sabía qué hacer con él. Le ha faltado velocidad en las ayudas y los desmarques, le ha faltado visión de juego y le ha faltado precisión en los pases. Y en muchas fases del partido le ha faltado al Alcalá colocación en el campo.
El Navalcarnero ha ganado por 1-3 pero podría haber sido mucho mayor el daño al equipo rojillo que no se había cumplido el primer minuto de juego y ya había encajado el primer gol propiciado por otro despiste defensivo y un bote extraño del balón que ha desarbolado a Adrián Fernández del que se ha beneficiado Alvarito Domínguez.
En solo unos segundos el Alcalá se ha deshecho como un azucarillo en agua caliente. El gol le ha permitido jugar al Navalcarnero a lo que quería. Ha puesto un sólido muro defensivo atrás y ha previsto lanzar rápidos contraataques en los que Alvarito ha sido un estilete fino que se hundía en la mantequilla blanda que era la cobertura rojilla. En esa defensa ni estaba el sancionado Marco López, ni el central Chete que ha visto el partido desde el banquillo. Por la izquierda ha jugado Robles y por la derecho Edu Viaña. En el centro de la defensa estaban Javi Jiménez y Álvaro Santiago. La zaga no ha funcionado, y menos aún su enganche con el medio campo donde ha salido de principio Sergio Marcos compartiendo con Ato la creación de juego, al menos en teoría, porque no ha habido creación y sí muchas pérdidas de balón. Pero es que un claro recuperador de balones como es Aitor González no ha salido hasta la segunda mitad y sí, parecía que el Alcalá tenía más el balón pero faltaban muchas más cosas.
Contra el muro cerrado que era la defensa del Navalcarnero, el ataque del Alcalá ha estado impotente. Sin apenas desmarques, cuando éstos llegaban la falta de precisión en los pases hacía fácil la recuperación del balón por parte del equipo visitante para lanzar rápidos contraataques. El partido tenía mala pinta de verdad.
Fallos
El segundo gol del Navalcarnero a los 29 minutos de juego ha sido el símbolo de la impotencia rojilla. La contra de libro y con velocidad, se ha encontrado con la pasividad y lentitud de la defensa del Alcalá y la extraña salida de Adrián Fernández. El desborde le ha dejado solo a Alvarito para empujar a placer sin nadie acechándole.
Con el 0-2 en el marcado y sin ningún argumento mostrado por el Alcalá para aproximarse a cambiar la situación, se ha llegado al descanso. Sorprendentemente Vivar Dorado no ha hecho ningún cambio en el equipo. Y el partido ha seguido igual en la reanudación. Es más, en otra contra el Navalcarnero ha podido hacer el 0-3 y sólo el fallo del delantero ha permitido que el balón saliera fuera cuando defensa y portero del Alcalá estaban desbordados. El desastre era total y absoluto. Pero no ha sido sólo el contraataque el arma del equipo visitante. A los 57 minutos ha llegado un saque de esquina para ellos que ha rematado de cabeza sin oposición alguna Robe poniendo, ahora sí, el 0-3 en el flamante marcador electrónica del Val. Exactamente igual que los dos primeros goles del Salamanca al Alcalá una semana antes en el Helmántico lo que demuestra la endeblez de la zaga al permitir el remate, y la ausencia de una salida del portero.
El Alcalá ha tenido más el balón a partir de esos momentos, pero sin ideas, sin velocidad en los desmarques y sin ayudas en la conducción, las acciones chocaban irremisiblemente con el muro del Navalcarnero.
El gol postrero de Ato, a poco del final del partido ha sido más anecdótico que fruto de la mejoría del juego rojillo. El Val ya no es un fortín; ha sido un auténtico chollo para un equipo como el Navalcarnero.