Los mapaches son animales salvajes que por sus hábitos nocturnos, su actividad y agresividad, estos son muy poco apropiados para convivir con el hombre. Además, al no tener depredadores directos, pueden causar un daño irreparable a los ecosistemas. De hecho, eso es lo que están haciendo desde hace años en aquellos lugares donde empiezan a expandirse, como Madrid, Castilla La Mancha, Galicia, La Comunidad Valenciana, País Vasco, Andalucía (cerca de Doñana) e incluso en Mallorca, en las islas Baleares.
Transmisores de enfermedades
El problema de la extensión de los mapaches no está solamente en que se conviertan en los principales depredadores de las especies autóctonas de España y puedan ser causantes de un problema ecológico de primer nivel. El problema es que también son reservorios de una larga lista de enfermedades.
Los mapaches pueden transmitir la rabia, moquillo, toxoplasmosis o tuberculosis a personas, ganado y mascotas, así como un parásito intestinal muy peligroso que puede provocar graves problemas de salud en las personas, pero que afecta especialmente a niños (incluso provocando la muerte). Se trata del parásito Baylisascaris procyonis que ha sido identificado en Alemania.
Pero a ellas se suman el virus del Nilo Occidental (cuya infección afecta a humanos, aves y equinos), así como enfermedades bacterianas. Y además puede hospedar al nemátodo Baylisascaris procyonis, que provoca una importante contaminación medioambiental y es responsable de la larva migrans. Esta última es una enfermedad causada por la migración larvaria y persistencia de este parásito bajo la piel, en el cerebro y en otros órganos, y emergente y en expansión en Europa (antes solo existía en América).
Los mapaches están considerados por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico como una especie exótica invasiva desde 2013. El propio ministerio admite que su “erradicación es muy difícil”.