A partir de ahí las historias particulares de los héroes de Baler y su resistencia merecen no pocos guiones cinematográficos, novelas, documentales, relatos, siempre que se hicieran con objetividad y rigor histórico, porque Jesús Valbuena asegura que los historia cuando se politiza deja de ser historia para ser política.
El pozo
Los hechos que Jesús Valbuena narra en su libro realizado tras una profunda investigación en los archivos buceando en los expedientes de los supervivientes son un relato de aventuras, de épica. La preparación de los soldados españoles que al ver los movimientos de la población autóctona y después de haber sufrido dos asedios anterior, de mucha menor envergadura, decidieron hacer acopio de alimentos y materiales en la iglesia por lo que pudiera pasar.
Hay que hacer notar que después de que se enviara un destacamento de 400 soldados desde Manila perfectamente pertrechados de munición y de latas de carne australiana, cuando estos abandonaron Baler en una fase de apaciguamiento, se envió ese definitivo destacamento de 50 soldados que fueron los que protagonizaron la gesta en un sitio que duró eso 337 días.
Papel fundamental fue el que protagonizó el teniente médico Rogelio Vigil de Quiñones porque sus conocimientos y pericia impidieron que hubiera 33 supervivientes.
Entre muchas proezas está la del pozo. Cuando los soldados se encerraron en la iglesia de esta localidad filipina en la que se encuentra la espectacular playa en la que muchos años después se rodaron las escenas más famosas de la película Apocalipsis Now, tenían munición y armas para defenderse, y tenían carne para alimentarse, pero no tenían agua. Fue entonces cuando pensaron que en un lugar selvático y montañoso el agua de las abundantes lluvias tendría que estar cerca. Se les ocurrió cavar en un patio de la iglesia un agujero a pico y pala. A los cuatro metros encontraron agua dulce procedente de la sierra. Con un barril de vino hicieron el brocal de ese pozo que les dio la vida en lo que fue un auténtico ingenio español.
La historia tiene tantas aristas que siguen sorprendiendo a medida que se avanza en ella. Está la de los traidores que desertaron; está la de la audacia del teniente Saturnino Martín Cerezo, que en el momento de la capitulación pidió expresamente la entrega de armas para hacer el complicado viaje de Baler a Manila ante el temor de que armados fueron atacados por mucha escolta filipina que tuvieran. Además Martín Cerezo hubo de protegerse de los traidores que se habían pasado al bando rebelde y a los que interesaba que los héroes no llegaran a Manila.
También Jesús Valbuena destaca la historia de los religiosos que fueron enviados para convencer a los soldados españoles que salieran de la iglesia porque su resistencia no teníasentido ya que ellos desconocían que en pleno asedio y en el marco de la guerra de España con Estados Unidos, el gobierno español cedió por 20 millones de dólares la soberanía de Filipinas al país norteamericano en el Tratado de París. El hecho era real pero los sitiados no lo sabían y no tenía medios de tener una información fiable. Los religiosos Minaya y López, éste último de Pastrana, fueron enviados para convencerlos y al final se quedaron con los sitiados.
En fin, son muchas historias que han dado para varios libros y concretamente para el que nos ocupa en este reportaje, el de Jesús Valbuena, de 333 páginas, prácticamente las mismas que duró el asedio de la iglesia de Baler.
Pero sobre todo hay que culminar con esas jornadas de amistad hispanofilipina de 2019 a las que asistieron en Baler los descendientes de los héroes de Baler, tanto los españoles como los filipinos para conmemorar el 120 aniversario del final del asedio y la salida de la iglesia con honores de los soldados españoles. Ese día los descendientes españoles volvieron a salir de la iglesia con la bandera de España y con la escolta de soldados filipinos.
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