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El comercio tradicional de Alcalá se puede recordar a través de una nueva exposición en el centro cultural Santa María la Rica

La droguería Jemi en la calle Ramón y Cajal

Alcalá de Henares, 23 de octubre de 2026.- La Sala José Hernández del Antiguo Hospital de Santa María La Rica acogerá hasta el próximo 1 de noviembre la exposición “Comercio y Memoria de una ciudad en Transformación” que fue inaugurada por la edil de Comercio, Orlena de Miguel. Por tercer año consecutivo, el Ayuntamiento de Alcalá a través de su Concejalía de Comercio, organiza una exposición para poner en valor la importancia el comercio y de la actividad económica y social. La magnífica acogida entre la ciudadanía de estas exposiciones son la prueba de esa importancia y de esa relación tan estrecha entre la vida comercial y la evolución de la sociedad y del propio paisaje urbano en Alcalá.

El título de esta exposición, ‘Comercio y memoria de una ciudad en transformación’, en la que se
recupera buena parte del material gráfico de las muestras anteriores, hace referencia precisamente a
ese vínculo tan especial con la población. Y aunque la inmensa mayoría de los locales tradicionales
han desaparecido, existe una parte que se ha adaptado y, sobre todo, ha surgido una nueva
generación de establecimientos comerciales y hosteleros, extendida a su vez a los nuevos barrios y
zonas residenciales de nuestra ciudad.



Se trata de una muestra comisariada por Luis Alberto Cabrera que homenajea a los establecimientos locales, así como las familias que los regentaron y las personas que trabajaron en ellos, que constituyen, además, una referencia para medir y evaluar las transformaciones y los progresos económicos, demográficos y urbanísticos que ha ido experimentando Alcalá a lo largo del tiempo.
El acceso es gratuito y el horario de visita es de martes a sábado de 11:00 a 14:00 y de 17:00 a 20:00
horas, los domingos de 11:00 a 14:00 y los lunes permanecerá cerrado.

La tradición comercial de Alcalá

La ubicación estratégica de Alcalá consolidó la actividad mercantil como un eje estructural de su
economía desde la antigüedad. Su relevancia institucional quedó respaldada en el ordenamiento
jurídico local mediante los fueros medievales, la concesión del privilegio de feria en 1187 y la
articulación del mercado semanal en la antigua plaza del Mercado (actual plaza de Cervantes).
El eje de la calle Mayor se erigió como el principal espacio de intercambio de la villa. Sus soportales
alojaron una intensa actividad minorista impulsada mayoritariamente por la comunidad judía hasta el
edicto de expulsión de 1492. Tras este suceso, el espacio mantuvo una notable continuidad mediante
la presencia diversificada de comercio tradicional.

Durante la segunda mitad del siglo XX, en el marco de un acelerado proceso de industrialización y
crecimiento poblacional, la estructura comercial experimentó una reconfiguración para adaptarse a la
emergente sociedad de consumo. En el caso de Alcalá, la Plaza de Cervantes y la Calle Mayor era el
principal foco económico, el principal eje peatonal y comercial de la ciudad histórica y en ella se
concentraban los principales comercios con más especialización en el sector del equipamiento
personal.

Su oferta se ampliaba por la Calle Libreros y se extendía por las arterias perpendiculares. Se podría
hablar de la hegemonía del centro histórico cuando sólo era la única zona comercial de la ciudad.
Tiendas de ultramarinos como las de Mota o la Económica Complutense, la sastrería de Gordo, la
perfumería de Sánchez o la fábrica de Cervezas de S. Alonso, muestran hábitos de consumo de
principios del siglo XX. A ellos, les sucedieron tiendas de electrodomésticos como González Rogada;
comercios de confecciones como Yárritu o Robisco; peluquerías, autoescuelas; pastelerías como
MAIIG, bares: Alejo, Topeca… y locales tan populares como la librería Cervantes. Son comercios que
representan hábitos de consumo para satisfacer las necesidades de una población cuyo centro
histórico dejaba de tener la hegemonía comercial, ya que empezaban a surgir nuevos barrios
periféricos capaces de resolver por sí mismos sus necesidades básicas.

Paralelamente a esta modernización del centro, el vertiginoso desarrollo industrial motivó una
descentralización de la actividad minorista. El modelo de pequeño comercio diversificado se replicó
en los nuevos barrios periféricos de la ciudad, permitiendo abastecer a la creciente población
trabajadora y vertebrar la vida comunitaria en las zonas de reciente urbanización.

Este esquema urbano, social y económico de Alcalá de los años sesenta y setenta aún no estaba
preparado para la introducción de las grandes superficies periféricas, de modo que mantuvo su
modelo comercial tradicional basado en la dependencia centro-periferia. Sin embargo, con la introducción de los primeros hípermercados se desplegó una espiral de crecimiento de la oferta y demanda comercial que, unido al consumo masivo, incidió en la evolución mercantil del centro histórico reposicionándolo no como lugar natural de la actividad comercial, sino como un espacio para el encuentro y los contactos sociales de la ciudad. En las últimas décadas, el centro histórico ha experimentado una nueva fase de reestructuración funcional. El comercio minorista tradicional ha descendido de forma sustancial, cediendo el espacio a un proceso deterciarización enfocado en la hostelería y el turismo, convirtiendo a los antiguos soportales en un espacio predominantemente dedicado a la restauración.

Desde que Alcalá fue declarada “Ciudad Patrimonio Mundial”, el turismo es el elemento central y esencial de la actividad comercial del centro histórico, centrándose gran parte de los negocios en el sector de la hostelería y la restauración. De este modo, se podría afirmar que la actividad comercial es un claro indicador de la dinámica urbana del municipio, al mismo tiempo que es uno de los primeros elementos que siguen y se adaptan al cambio. Por este motivo, no debe ser considerado un servicio que se oferta en la ciudad sino más bien un elemento de cohesión del tejido social y del territorio que lo estructura, pues el entorno físico y social que rodea al comercio influye en su dinámica, definiendo la interacción entre las tiendas, las calles aledañas y, en última instancia, los ciudadanos.

En definitiva, el tejido comercial de Alcalá de Henares ha actuado históricamente como el principal catalizador de su configuración urbana. La transición desde un modelo mercantil protegido por fueros hacia un ecosistema diversificado durante el despliegue industrial del siglo XX refleja la capacidad de adaptación de la ciudad a las demandas demográficas. Sin embargo, el fenómeno reciente de sustitución del comercio tradicional por una oferta intensiva de hostelería señala una mutación profunda en el uso del centro histórico. Este proceso, si bien dinamiza la economía turística, plantea nuevos retos para la sostenibilidad del comercio de proximidad y la preservación de la identidad patrimonial de la ciudad.

El Puert@

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