La visita a la exposición comenzó con la sección “DINOSAURIOS DE LEYENDA”
en la que se repasan las primeras interpretaciones que se dieron a los hallazgos de
huesos de dinosaurios. En 1667 el naturalista Robert Plot publicó por primera vez un
fragmento de hueso de dinosaurio, que fue interpretado como perteneciente a uno de los
elefantes que los romanos llevaron a las Islas Británicas o, posteriormente, como un
gigante bíblico.
En la siguiente sección denominada “CUANDO LA PALEONTOLOGÍA
ENCONTRÓ A LOS DINOSAURIOS” se detallan los primeros estudios científicos
sobre dinosaurios: William Buckland (1784-1856), Gideon Mantell (1790-1852) y
Georges Cuvier (1769-1832) interpretaron los primeros dinosaurios como restos de
lagartos gigantes y en 1841 Richard Owen asigna por primera vez la palabra
“dinosaurio” (“lagartos terribles”) a este grupo de nuevas especies.
Acto seguido le precede el apartado “LA GUERRA DE LOS HUESOS EN EL
LEJANO OESTE”, que está dedicado a la competencia que establecieron en la
segunda mitad del siglo XIX dos paleontólogos norteamericanos, Othniel Charles
Marsh (1831-1899) y Edward Drinker Cope (1840-1897). Ambos encabezaron equipos
que llevaron a cabo una extensa labor de excavación, generando una gran cantidad de
descubrimientos que sentaron las bases de la paleontología de dinosaurios moderna. La
exposición incluye algunos fósiles procedentes de la Formación Morrison, en Montana
(EE.UU.)
En la sección “LA DINOSAURIOLOGÍA DE AVENTURA” se cubre las primeras
décadas del siglo XX, cuando distintas instituciones organizaron grandes excavaciones
en lugares exóticos, como en Tendaguru (Tanzania). El arquetipo del paleontólogo
aventurero es, sin duda, Roy Chapman Andrews (1884-1960), un explorador, zoólogo y
aventurero del Museo Americano de Historia Natural de Nueva York. De esta época son
también los trabajos de Barnum Brown (1872-1963), que puede considerarse como el
paradigma de los cazadores de dinosaurios y, probablemente, el dinosaurólogo con
mayor experiencia en el campo de todos los tiempos. A lo largo de su carrera, excavó
los primeros cinco esqueletos de Tyrannosaurus rex, sentando las bases para su
definición como especie y contribuyendo significativamente a forjar su leyenda.
En la segunda mitad del siglo XX se produjo un cambio de paradigma en la
interpretación de los dinosaurios como animales torpes y pobremente adaptados,
prácticamente destinados a la extinción. Fueron los trabajos de John H. Ostrom en 1969
y de Robert T. Bakker en su obra “DINOSAUR RENAISSANCE”, los que impulsaron
conceptos como el origen dinosauriano de las aves actuales, o la posibilidad de que
algunos dinosaurios fuesen animales de sangre caliente.
La exposición también presta especial atención al registro fósil asociado a los huevos de
dinosaurios en la sección “PISANDO HUEVOS”, presentando algunos ejemplares del
yacimiento de Poyos, en Guadalajara, y que constituye la evidencia más meridional de
un área de reproducción de dinosaurios en Europa.
La exposición se cerró con una sección dedicada a las nuevas tecnologías aplicadas al
estudio de los animales del pasado remoto, y que han provocado en los últimos años una
auténtica revolución en nuestro conocimiento de los dinosaurios.