Alcalá de Henares, 8 de febrero de 2025.- El Instituto Cervantes cumple 34 años: Alcalá de Henares pasó de ser capital mundial de la lengua española a sucursal.
Se considera que fue el 7 de febrero de 1991 cuando el pleno del Congreso de los Diputados aprobó la creación del Instituto Cervantes, que tiene por objetivo la difusión de la lengua y la cultura españolas en el extranjero.
Este es el dato estadístico pero la historia del Instituto Cervantes tiene diversos aspectos y vicisitudes que hacen que no sea esa la fecha principal pero aceptémosla como punto de partida. Por aquel entonces era presidente del gobierno el socialista Felipe González pero quizá la figura esencial en la creación y puesta en marcha del Instituto Cervantes fue Javier Solana, primero como ministro de Educación y Ciencia y también ministro de Cultura, y después como ministro de Asuntos Exteriores.
Con la creación del Instituto Cervantes se abrió el debate de dotar de una sede al mismo y la mirada se puso en Alcalá de Henares como lugar de nacimiento de Miguel de Cervantes. No fue un regalo del gobierno de España sino producto de la labor de quienes desde la ciudad complutense insistieron en que esa sede debía estar en la Alcalá de Henares. Ahí tuvieron mucho que ver el que había sido alcalde Arsenio Lope Huerta, y el por entonces primer edil, Florencio Campos. Porque la propuesta de Alcalá no llegó como una idea meramente simbólica, sino con la oferta de un edificio céntrico e histórico para ser la sede. El rehabilitado Colegio del Rey en la calle Libreros.
El Ayuntamiento de Alcalá hizo un importante esfuerzo: primero adquirió el edificio, que estuvo durante tiempo en manos privadas, y después procedió a su rehabilitación. La idea inicial fue convertirlo en sede el Organismo Autónomo Municipal de Cultura, que al instalarse en el edificio, antes incluso de la rehabilitación, se denominó la Fundación Colegio del Rey.
Con esa fundación instalada, surgió la oportunidad de que ese antiguo colegio universitario se cediera al gobierno de España para que se convirtiera en la sede del Instituto Cervantes.
Hay que recordar, según cuenta el propio Instituto Cervantes, que tras la subida al trono de Carlos V, la Universidad de Alcalá se divide en dos bandos: los Comuneros, que eran mayoría y contrarios al Emperador, y los Andaluces. Tras la derrota de Villalar, Carlos V enajena las cuantiosas rentas que había dejado el Cardenal Cisneros a la Universidad.
Felipe II inicia una política de desagravio para la Universidad y equipara sus títulos a los de Valladolid y Salamanca, gestiona el retorno de las reliquias de los Santos Niños Justo y Pastor y, además, funda un colegio universitario bajo la advocación de los santos Felipe y Santiago, que se conocerá popularmente como «Colegio del Rey».
Para la fundación de este colegio decreta una renta de 2 000 ducados anuales, para mantener a dieciséis colegiales y a un clérigo rector. Se funda como Colegio para estudios teológicos, jurídicos y canónicos, destinados a hijos de miembros del Servicio de la Casa Real. La Institución comenzó a funcionar en 1551, pero la obra no quedará terminada hasta 1669, fecha en que se concluye la construcción del patio.
Nicolás Sánchez Albornoz, primer director del IC
Finamente se toma la decisión por parte del gobierno español de convertir el edificio cedido de Alcalá en la sede del Instituto Cervantes. Desde esos momentos todos los días cumplían su jornada laboral en el despacho principal del edificio los primeros directores nombrados por los gobiernos de España: el entrañable Nicolás Sánchez Albornoz, que fue el primer director, el diplomático Santiago Mora-Figueroa y Williams, marqués de Tamarón, y Fernando Rodríguez Lafuente. Y así hasta que el gobierno de José María Aznar vio la oportunidad de adquirir el edificio de las Cariátides, en el número 49 de la calle Alcalá de la capital madrileña. Con ello el antiguo Colegio del Rey dejó de ser la sede principal para convertirse en centro de formación de profesores de español.
Para entender qué supuso eso basta un símil: Imagínense que el Museo Arqueológico y Paleontológico de Alcalá, con todo lo que ha supuesto para situar a la ciudad complutense en una de las capitales internacionales de la arqueología decide trasladar su sede principal a la capital madrileña y dejar la sede de Alcalá como una subsede o una sucursal. Triste e inaceptable por parte de la ciudad complutense ¿no?. Pues algo parecido pasó con el Instituto Cervantes.