Alcalá de Henares presume, con razón, de su declaración como Ciudad Patrimonio de la Humanidad. Sin embargo, basta pasear con atención por algunas de sus calles y plazas más emblemáticas para comprobar que esa distinción convive con una realidad preocupante: fachadas que se desconchan, parches mal ejecutados, materiales inadecuados y una sensación general de abandono en rincones clave del casco histórico.
Queremos exponer una preocupación compartida por muchos vecinos y visitantes: la degradación visible de elementos arquitectónicos que forman parte de la identidad de la ciudad.
El problema de los “arreglos” que no lo son
Uno de los aspectos más señalados es el uso sistemático de materiales inadecuados en edificios históricos. Donde debería emplearse cal y arena —material tradicional que permite respirar a los muros— se recurre con frecuencia al cemento, más barato pero incompatible con construcciones antiguas. El resultado es conocido: desconchones, desprendimientos y parches que acaban cayéndose con el paso del tiempo.
Ejemplos hay muchos. La fachada del convento de las Carmelitas, en la calle de la Imagen, presenta imitaciones de piedra que se desprenden por efecto de la lluvia, el viento y los cambios de temperatura. No es un caso aislado: ocurre también en la calle Cid Campeador, en la parte trasera del Museo Arqueológico Regional, donde los deterioros llevan años sin una intervención adecuada.
La diferencia entre un trabajo bien hecho y un simple parche es evidente. En la calle Cardenal Cisneros, la antigua Casa de Postas fue restaurada con cal de arena pese a su mayor coste. El resultado es una fachada que, tras años, sigue intacta, sin desconchones ni deterioro visible. Un ejemplo claro de que hacer las cosas bien es posible.
Columnas históricas y suciedad cotidiana
Especial mención merecen las columnas de la calle Mayor, uno de los espacios más transitados y simbólicos de Alcalá. Columnas antiguas y de gran valor, cuyos fustes presentan rellenos de un blanco llamativo que nada tiene que ver con la piedra original. No se trata de restauraciones, sino de reparaciones burdas que afean el conjunto y evidencian la falta de criterio técnico.
A ello se suma la suciedad acumulada en las basas, provocada en parte por la falta de civismo y en parte por la ausencia de medidas disuasorias. Sin sanciones ni control, el deterioro cotidiano se normaliza, incluso en espacios que deberían ser especialmente protegidos.
Fachadas que llevan años deteriorándose
La lista continúa. La Facultad de Económicas y Empresariales, en la plaza de la Victoria, muestra desde hace años grandes desconchones en su fachada de color rojo. No se trata de un daño estructural, sino del desprendimiento de capas mal aplicadas que dejan a la vista el material inferior, con un impacto visual muy negativo.
Otro caso paradigmático es el de la plaza del Padre Lecanda, uno de los rincones más bellos y acogedores de la ciudad. Allí, una vivienda en ruinas lleva décadas abandonada, desmereciendo gravemente el entorno. Frente a ella, otra casa perfectamente conservada demuestra que la degradación no es inevitable, sino consecuencia directa del abandono.
En el siglo XIX, el Ayuntamiento obligaba a los propietarios a reparar sus casas, llegando incluso a ejecutar las obras y pasar la factura si era necesario. Hoy existen mecanismos legales para exigir, al menos, el arreglo de fachadas, pero su aplicación es irregular.
Atentados silenciosos contra el patrimonio
Al deterioro material se suman actuaciones difícilmente justificables, como la perforación de fachadas históricas para colgar iluminación festiva. La iglesia de Santa María, en la calle Libreros, ha sufrido este tipo de intervenciones en varias ocasiones. Se trata de auténticos atentados contra uno de los edificios más importantes de la ciudad, sin olvidar de nuevo a nuestra calle Mayor, asaetada en todo su recorrido por infinidad de clavos, que sustentan cables, cajas eléctricas y telefónicas. A ello se añade, en el caso de la antigua iglesia de los jesuitas, el revoco aplicado sobre la piedra una burda imitación de granito que, lejos de proteger el edificio, se está desprendiendo y cayendo, agravando aún más el deterioro del conjunto.
Una petición clara y reiterada
Desde el Grupo en Defensa del Patrimonio Complutense, la reclamación es clara y reiterada: utilizar los materiales, técnicas y procesos adecuados; abandonar los parches baratos que solo aplazan el problema; y asumir que conservar el patrimonio no es un gasto superfluo, sino una responsabilidad con la historia, los vecinos y quienes visitan Alcalá.
Porque una ciudad Patrimonio de la Humanidad no solo debe serlo en los folletos, sino también en sus fachadas, en sus plazas y en esos rincones cotidianos que, día a día, construyen la imagen real de Alcalá de Henares.
Grupo en Defensa del Patrimonio Complutense


















































Nunca debieron de pintar la fachada de Empresariales de ese tono rojizo, estaba mucho mejor con los colores previos.