Alcalá de Henares, 27 de septiembre de 2026.- El Alcalá es bipolar esta temporada. O son dos equipos distintos: Uno el que juega en casa, en el Val, y otro el que sale fuera por muy acompañado que esté por unos aficionados que no le abandonan y no le dejan de animar. Es así de sencillo, o así de complejo, según se mire.
¿Se acuerdan de ‘El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde’, la conocida novela corta de horror gótico escrita por Robert Louis Stevenson? Sí, una obra conocida por tratarse de una representación de un trastorno psiquiátrico por el que una misma persona tiene dos o más identidades con características únicas. En psiquiatría, esta es conocida como TID trastorno disociativo de la identidad. Esta es una metáfora de lo que le está ocurriendo al Alcalá esta temporada. Hay un Alcalá que en casa se supera. El Val es, como ya lo fue el año pasado, un auténtico fortín en el que los rojillos se crecen. Y también hay un Alcalá que en sus viajes se empequeñece. Y no lo dicen sólo los resultados, de cuatro partido son dos victorias, las de casa, y dos derrotas, las de fuera. Lo dicen también el juego y las sensaciones. No sabemos cuál es el Alcalá más real. El de casa o el de fuera. O los dos. O ninguno.
El partido de hoy de los rojillos en el Helmántico es tan simple como complejo. Es simple porque el Salamanca ha sido mejor y no hay más que añadir. No esperen una frase adversativa a continuación. El equipo charro ha sido mejor merced a un primer tiempo en el que el Alcalá no ha existido y una segunda mitad que el equipo de Vivar Dorado ha mejorado en el centro del campo pero le ha faltado puntería de cara al gol. Mientras tanto, el Salamanca, jugando a favor, ha podido marcar más goles al contragolpe y de hecho la sentencia del 3-0 ha llegado al final del partido.
Pero también es un partido complejo como cualquier afección psiquiátrica en el mundo de la medicina. Porque el Salamanca tampoco es un equipo como para lanzar las campanas al vuelo, pero ha sabido aprovecharse de un Alcalá timorato, un tanto acomplejado por el escenario de un estadio, el Helmántico, que ha vivido mejores tiempos en sus casi vacías gradas. Complejidad que también ha estado en el hecho de que en muchos momentos el Alcalá ha estado mucho más animado por su afición que el Salamanca por la suya. No, al equipo de Vivar Dorado no le ha afectado un ambiente hostil, una caldera a tope de presión en su contra.
El primer tiempo del Alcalá ha sido de lo peor que se le ha visto desde hace tiempo. Los rojillos han dejado de jugar hoy a lo que saben, al fútbol que le gusta a Vivar Dorado. Quizá el técnico del Salamanca. el exfutbolista Iker Muniain, le ha ganado la partida táctica no permitiéndole tener el balón. El caso es que el Alcalá ha parecido estar fuera del partido y fruto de ello han llegado los dos primeros goles del Salamanca, en sólo cuatro minutos, del 23 al 27. Han sido dos goles que han sido el fiel reflejo de lo que ha sido el Alcalá. Pases desde la banda y cabezazos certeros con futbolistas sin las debidas marcas y sin que Adri Fernández, saliera a despejar sobre todo en el segundo gol en el que el cabezazo ha sido dentro del área pequeña.
En la segunda parte el Alcalá ha tratado de estirarse y se ha acercado al área defendida por el Salamanca, pero la falta de puntería ha sido evidente. El Salamanca lo tenía todo prácticamente resuelto y al contragolpe ha creado más peligro real que los rojillos. Por eso llegó el 3-0, un resultado para olvidar en el que hubo pocas cosas positivas. O para ser más exactos sólo una, la recuperación de Sergio Marcos que ha salido en la segunda mitad y puede ser clave en el Alcalá.

















































