Alcalá de Henares, 10 de octubre de 2026.- Mañana a las seis de la tarde saltarán los jugadores del Calvo Sotelo y de Alcalá, al terreno de juego del estadio Ciudad de Puertollano, al que los puertollanenses conocen como el estadio del Cerrú, o Nuevo Cerrú como heredero de uno de los antiguos campos de fútbol de la localidad de la provincia de Ciudad Real famosa por las minas de carbón y cuando el mineral se acabó, por la refinería de petróleo de Repsol.
Será otro de esos clásicos del fútbol castellano el que enfrenten a los mineros de Puertollano frente a los rojillos complutenses. Será uno de esos partidos en los que se recuerda el olor al linimento desde la grada, en los que la rivalidad encierra partidos intensos y emocionantes de futbolistas con botas de cuero de color negro exclusivamente y con camisetas sin tejido antisudoración y de colores sin mezcla alguna, azul los manchegos;; rojo los alcalaínos.
Pocos recuerdan uno de esos choques entre el Calvo Sotelo y el Alcalá que se disputó en el antiguo estadio de Enpetrol, es decir, de la Empresa Nacional de Petróleos. Aquel estadio vivió jornadas gloriosas como aquella en la que a finales de los años sesenta el Calvo Sotelo se jugó ante el Córdoba el ascenso a primera división, que al final se fue a la ciudad del califato de los Omeyas. Era un campo envidiable para aquellos años sesenta, setenta y primeros años ochenta del siglo XX con un césped magnífico que parecía una alfombra.
Fue un partido de liga que se jugó en la Nochevieja de 1983. Sí, han leído bien. La Federación Española de Fútbol estableció que se jugara una jornada de liga el 1 de enero de 1984 pero el Calvo Sotelo, con toda la lógica del mundo, prefirió que se jugara en la tarde del día de San Silvestre, a pocas horas del fin del año 1983. Esa circunstancia hizo que a Puertollano no viajaran prácticamente aficionados del Alcalá. Probablemente uno de los pocos alcalaínos que no formaban parte de la expedición del Alcalá y que contemplaron el partido entre animosos y ruidosos seguidores del Calvo Sotelo, fue este redactor.
El Calvo Sotelo aquel año tenía un auténticó equipazo en segunda división B y logró el ascenso a la categoría de plata del fútbol español. En aquel equipo minero había dos viejos conocidos que habían jugado en el Alcalá; eran el extremo Tony, un asturiano que jugó en el Alcalá que ascendió por primera vez a segunda división B desde la tercera división castellana junto con su hermano gemelo, el defensa Javi, que llegó a jugar con el Celta en primera división. El otro era un palentino que estuvo la anterior temporada en el Alcalá, de nombre Sambade. Al Calvo Sotelo lo entrenaba Juan Manuel Tartilán, que tras su paso por Puertollano fichó por el Alcalá.
Pero es que la Deportiva tenía otro auténtico equipazo, probablemente el de mayor calidad de su historia, que no estuvo lejos del ascenso a segunda división A y que perdió el fuelle en el tramo final de la temporada. Entrenado por Eduardo ‘Chato’ González, fue el Alcalá en el que la portería estuvo defendida por Olivares e Higes, el que en defensa tuvo a futbolistas de la calidad de Benito, Chuti, Alfonso Torres y Ricardo Flores. En el medio campo hubo jugones como Joaquín Robles, como el mundialista en Argentina 1978 Antonio Guzmán, o el exmadridista Ángel Escribano, y que en ataque tuvo a un jovencísimo Pepe Mel que se proclamó máximo goleador del fútbol español vistiendo la camiseta del Alcalá, o el catalán Roberto Elvira, que jugó en primera división con el Zaragoza, Y un chaval de Arganda del que luego hablaremos. Se llamaba Ángel Madrid. En aquel Alcalá llegó a jugar un partido un juvenil que a muchos les sonará. Su nombre se hizo después muy famoso: Gaby Moya.
Aquel partido de la Nochevieja de 1983 fue muy igualado y muy emocionante además de tener mucha calidad. El Calvo Sotelo tuvo muchas ocasiones pero el Alcalá defendió muy bien. Al descanso se llegó con el empate inicial. Sorprendió la alineación de Ángel Madrid; no era uno de los titulares indiscutibles para el Chato González pero sí recurría a él muy a menudo. El de Puertollano fue uno de los 14 partidos en los que fue titular y uno de los 12 en los que jugó los 90 minutos. A los 56 minutos marcó un gol que al final fue el que le dio la victoria al Alcalá para celebrar por todo lo alto el fin de año unas horas después.
Ángel Madrid no continuó la siguiente temporada en el Alcalá y se le perdió la pista en la ciudad complutense. Lamentablemente supimos después que falleció el 8 de octubre de 2004 con solo 41 años de edad.
















































