Alcalá de Henares, 10 de marzo de 2026.- El Ayuntamiento de Alcalá de Henares, a través de la Concejalía de Medio Ambiente, continúa intensificando los trabajos de control y retirada de la procesionaria del pino en las zonas verdes de la ciudad con el objetivo de prevenir riesgos para vecinos, mascotas y usuarios de los parques.
El concejal de Medio Ambiente, Vicente Pérez, ha explicado que “a lo largo de 2025 se han realizado cerca de 900 intervenciones en el arbolado para retirar la procesionaria del pino. Ahora, con la llegada de la primavera climatológica, seguimos trabajando para eliminar los nidos que van apareciendo en los pinos justo antes de su eclosión, con el fin de evitar posibles riesgos”.
Además, el Ayuntamiento ha reforzado la prevención durante los meses más fríos del año, periodo clave para actuar sobre los pinos. En concreto, entre enero y los meses de noviembre y diciembre de 2025 se realizaron 1.175 actuaciones fitosanitarias preventivas, destinadas a reducir la presencia de la plaga antes de su desarrollo.
En este sentido, Pérez ha pedido “precaución a los propietarios de mascotas y a las familias con niños, ya que la procesionaria se encuentra en los árboles y, con el aumento de las temperaturas, comenzará a descender al suelo. Aunque seguimos trabajando diariamente para erradicarla, queremos trasladar un mensaje de tranquilidad acompañado de prudencia”.
Al final del invierno la oruga procesionaria del pino (Thaumetopoea pityocampa) comienza a abandonar sus característicos bolsones blancos y empieza a descender por el tronco de los árboles, en un fenómeno natural tan fascinante desde el punto de vista biológico como peligroso para la salud pública.
Se trata de la plaga defoliadora más importante de los pinares. Es una especie mediterránea que pasa el otoño y el invierno tejiendo sedosos nidos en las ramas de los pinos para protegerse mientras se desarrollan las larvas. Estas larvas necesitan unas temperaturas adecuadas para su desarrollo. Tanto las temperaturas superiores a 32 grados como las inferiores a -12 grados son capaces de matar a las larvas.
Es en estos momentos cuando descienden por los troncos formando las características “procesiones” de las que reciben su nombre. Su objetivo es encontrar un lugar de tierra blanda donde enterrarse, crisalidar y emerger como las conocidas polillas en verano. Su cuerpo está recubierto de miles de folículos o tricomas microscópicos (aproximadamente 500.000) que actúan como diminutos dardos envenenados. Las orugas expulsan estos pelos cuando se ven amenazadas y pueden ser transportados por el viento, de manera que el contacto directo no es la única forma de riesgo.
El peligro reside en la toxina que contienen estos tricomas, la thaumatopina. En los seres humanos, esta toxina puede provocar graves reacciones alérgicas, urticarias, dermatitis severas y afecciones oculares o respiratorias. Los niños pequeños son uno de los grupos con mayor riesgo, ya que su curiosidad puede llevarles a tocar estas orugas.
Pero la peor parte se la llevan las mascotas, especialmente los perros. El contacto de la procesionaria con las mucosas del perro produce reacciones inflamatorias inmediatas que pueden llegar a ser devastadoras. Si un perro lame, ingiere o huele una procesionaria, la toxina provoca una gran hinchazón que puede derivar en necrosis de lengua e incluso en la muerte del animal.

















































