Alcalá de Henares, 9 de febrero de 2025.- El Centro Extremeño de Alcalá de Henares celebró ayer sábado su tradicional rito de la matanza una de las actividades que vienen desarrollando desde su fundación en la ciudad complutense hace ya 48 años, en 1977. En aquellos años de pleno crecimiento de Alcalá por la llegada de decenas de miles de personas de personas de otras regiones españolas, especialmente de Extremadura, Andalucía, Castilla La Mancha, Castilla León, Aragón, Asturias y Galicia, que buscaban un futuro mejor con la industrialización que les podía dar su entorno rural, los extremeños que fundaron el centro en Alcalá decidieron continuar difundiendo sus costumbres y tradiciones populares en la ciudad a la que habían llegado. De ese modo se sentían un poco más próximos a ella y contribuían también a dar a conocer su cultura.
Una de las principales actividades que desde su fundación puso en marcha el centro extremeño fue la matanza como fiesta popular. La matanza extremeña es una tradición que puede ser considerada como un ritual ancestral. La época de matanza, por norma general, es a finales de noviembre y diciembre. Es el momento que hace más frío y la carne se puede conservar mejor. En sus orígenes era un rito familiar en el que confluía toda la familia y vecinos del pueblo por lo que era toda una fiesta social, eso sí, con una enorme cantidad de trabajo porque no hay que olvidar que la matanza tenía una finalidad clara de surtir al hogar de carne durante el año, una carne que como es lógico se transformaba en embutidos cuyo proceso de curación en frío empleando diversas técnicas y productos como la sal, el pimentón y las especias, garantizaba su conservación.
El Centro Extremeño se propuso hacer una matanza lo más tradicional posible. De hecho durante años se compraba un cerdo vivo que se sacrificaba, se quemaba su piel y se despiezaba para comerlo en el día. Es decir, se prescindía de la parte del ríto de embutir para la conservación, y se procedía a la degustación de la carne guisada de diferentes maneras tradicionales.
El rito comenzaba muy temprano y en él no faltaban productos importantes en la tradición como el aguardiente, para combatir el frío de la mañana, y las migas para desayunar. A partir de ahí comenzaba una larga mañana para preparar las viandas que se comerían en una reunión social, una auténtica fiesta gastronómica pero también de folclore.
Desde hace años el centro prescinde del sacrificio del cerdo. Los tiempos modernos exigen medidas de salud importantes que pasan, como el lógico, por la inspección veterinaria del cerdo para ver si su consumo es apto. Lo que hace el centro extremeño es comprar la carne de cerdos ya sacrificados en mataderos industriales y que son perfectamente aptos para el consumo inmediato.
Lo que permanece invariable es el proceso de elaboración de las viandas y como es lógico, la fiesta social que evoca las antiguas matanzas. Ayer la fiesta tuvo lugar en el centro de comunidades regionales de Alcalá y contó con la presencia de la primera teniente de alcalde, Isabel Ruiz Maldonado, nacida en Extremadura, además de otras autoridades municipales.

















































