Alcalá de Henares, 4 de noviembre de 2025.- Un sacerdote de la diócesis de Alcalá cobra un sueldo mensual de alrededor de 1.000 euros por lo que está por debajo del Salario Mínimo Interprofesional, que en en 2025 se sitúa en 1.134 euros brutos en 14 pagas. En cualquier caso los curas diocesanos complutenses cobran sólo 12 pagas al año ya que no tienen pagas extras.
Ese sueldo que supera ligeramente los 1.000 euros es lo que cobra un sacerdote recién ordenado durante los tres primeros años, porque los sacerdotes perciben trienios que incrementan cada uno de ellos ligeramente su salario. Sin embargo el sueldo actual de un curra de la diócesis de Alcalá sigue estando por debajo del umbral del SMI.
De todos modos conviene recordar que el sacerdocio no se concibe como una profesión en sentido estricto, sino como una vocación de servicio. De ahí que su retribución no esté directamente vinculada a una jornada laboral, sino al compromiso personal y pastoral que asumen. De hecho, este ingreso que perciben no se considera un sueldo en sentido estricto para muchos sacerdotes, sino más bien una asignación o estipendio para cubrir sus necesidades básicas.
Por tanto el sueldo anual de un cura diocesano complutense es de unos 12.000 euros. En este momento, la medición de ser ‘pobre’ se refiere a una persona cuyos ingresos son inferiores al 60% de la renta media del país. Este umbral se actualiza anualmente, donde en 2025 se sitúa en torno a los 11.584 euros anuales para una única persona, por unidad familiar, lo que se traduce en 956 euros mensuales. Por tanto el presbiterio diocesano roza técnicamente en estos momentos el umbral de pobreza. No es nada extraño porque el voto de pobreza en la Iglesia Católica es un compromiso fundamental que toman los religiosos y religiosas, que implica vivir sin posesiones personales y compartir los bienes con los demás. Este voto es parte de los tres votos tradicionales (pobreza, castidad y obediencia) que guían la vida de los miembros de la vida religiosa.
En el caso del obispo, su retribución mensual en estos momentos se encuentra en torno a los 1.400 euros mensuales, siendo por descontado y con gran diferencia la autoridad de la ciudad con una retribución menor.
¿De dónde sale el dinero para las retribuciones de los sacerdotes?
La diócesis de Alcalá tuvo en 2024 un presupuesto de 14.142.936,1 euros. Se trata del dinero para toda la diócesis, no solo para la iglesia de Alcalá. Apenas 14 millones que contrastan con 226 millones de presupuesto del Ayuntamiento complutense. Pues bien de esos 14 millones el obispado destina apenas un 23,3 por ciento a gastos de personal, que se distribuyen entre casi 2’6 millones de euros para la retribución del clero incluyendo la Seguridad Social y otras prestaciones sociales, y 710.000 euros para las retribuciones del personal seglar que trabaja para la diócesis. Sólo el capítulo 1 presupuestario del Ayuntamiento de Alcalá, el que corresponde a las retribuciones del personal municipal, supone el 41’6 por ciento, en total 94 millones de euros.
La mayor parte del dinero que perciben como salario los sacerdotes diocesanos complutenses proviene del Fondo Común Interdiocesano, gestionado por la Conferencia Episcopal Española. Este fondo se nutre principalmente de la asignación tributaria marcada con la “X” en la declaración del IRPF. También procede el dinero de donativos y colectas de fieles y de ingresos propios generados por las diócesis (alquileres, donaciones, etc). El fondo interdiocesano que recibe la diócesis de Alcalá es de 5’3 millones de euros.
Una vida lejos del lujo y cerca de la precariedad
La vida cotidiana del clero complutense está lejos del lujo. Muchos curas viven solos o en comunidades pequeñas; generalmente en parroquiales modestas. Los gastos personales suelen ser bajos: alimentación sencilla, ropa austera y pocos lujos materiales. En las zonas rurales de la comarca y en parroquias pequeñas, el sostenimiento económico es aún más ajustado.
La figura del sacerdote va mucho más allá de los actos litúrgicos. No solo celebra misas, bodas, bautizos y funerales. Su día a día incluye visitas a enfermos, atención espiritual en momentos delicados, organización de catequesis, labores administrativas en las parroquias y acompañamiento a personas en situación de exclusión social. Es, en muchos sentidos, una figura de referencia dentro de la comunidad, y esa responsabilidad tiene también una retribución asociada.

















































