Alcalá de Henares, 28 de mayo de 2025.- La Comunidad de Madrid ha iniciado los trámites para que el cocido madrileño y la zarzuela, símbolos de la identidad madrileña, sean declarados Bienes de Interés de Interés Cultural (BIC) en la categoría de Patrimonio Inmaterial para preservarlos, darlos a conocer y revitalizarlos.
La zarzuela, género lírico con origen en Madrid y con obras destacadas como ‘La verbena de la Paloma’, de Tomás Bretón, o ‘El barberillo de Lavapiés’, de Francisco Asenjo Barbieri, destacó desde mediados del siglo XIX por permitir cantar la vida cotidiana del pueblo con un lenguaje transmisor de alegría social.
Con más de 10.000 títulos y su expansión por Hispanoamérica, ha contado a lo largo de su historia con importantes compositores, libretistas, instrumentistas, cantantes, escenógrafos, sastres y otros profesionales involucrados en este tipo de creación, tal y como han destacado desde el Ejecutivo madrileño.
Otras obras destacadas de zarzuela son ‘Luisa Fernanda’ (Federico Moreno Torroba), ‘Doña Francisquita’ (Amadeo Vives), ‘La Revoltosa’ (Ruperto Chapí), ‘Agua, azucarillos y aguardiente’ (Federico Chueca), o ‘La gran vía’ (Federico Chueca y Joaquín Valverde), entre muchas otras.
Por su parte, el cocido madrileño, el plato castizo por excelencia, se ha consolidado como un símbolo de convivencia y tradición tras más de 150 años en la alimentación de los ciudadanos de la Comunidad de Madrid.
Según ha destacado el Gobierno autonómico, este plato típico ha pasado de ser “menospreciado” por ciertas élites a ser un referente tanto en los hogares como en los mejores restaurantes de la región.
El pasado mes de marzo, la Comunidad ya había solicitado un informe para valorar si se iniciaban los trámites para su declaración como BIC. En paralelo, el grupo de investigación ‘Etnografía y Patrimonio Inmaterial’ también lanzó una encuesta ciudadana que invitaba a madrileños y madrileñas a compartir su forma de preparar el cocido para conocer a fondo sus distintas elaboraciones.
Entre las preguntas que recogía este sondeo culinario se encontraban los ingredientes de la receta, el número de ollas y vuelcos, los acompañamientos e, incluso, las “manías” de los madrileños a la hora de degustar este manjar.
Además, la investigación buscaba indagar en las situaciones que acompañan a servir el plato, si solo se come en días de fiesta o si se hace en casa o si únicamente se cata de restaurante.
















































