Alcalá de Henares, 4 de marzo de 2026.- Toda precaución es poca por lo que conviene leer a efectos de prevención esta noticia puesto que la forma de actuar de estos delincuentes que eligen como víctimas personas mayores para robarse es siempre muy similar.
Agentes de la Policía Nacional han detenido in fraganti a un hombre y una mujer por estafar a personas de edad tras sustraerles sus tarjetas bancarias. Seleccionaban a sus víctimas en las inmediaciones de las entidades financieras y esperaban a que realizasen una operación en el
cajero. Se acercaban a sus objetivos y se situaban de manera estratégica para observar los números se seguridad de las tarjetas cuando los introducían. Una vez tenían el número pin, seguían a sus víctimas y les sustraían las tarjetas bancarias sin que se diesen cuenta, aunque no dudaban en usar la intimidación si era necesario.
La investigación comenzó el pasado mes de diciembre tras tener cocimiento de la comisión de varios delitos de estafa cometidos con el mismo modus operandi. En todos los casos se habían efectuado retiradas de dinero en cajeros introduciendo los números pin de tarjetas sustraídas previamente.
Vestía con ropa poco llamativa y complementos que ocultaban su cara
Avanzadas las pesquisas su pudieron recopilar hasta ocho hechos similares, cinco en la localidad de Parla, dos en el distrito de Usera-Villaverde y uno en el de Moratalaz. Los investigadores lograron establecer que en todos ellos participaban una mujer y un hombre. Ella era la encargada de seleccionar a la víctima, conseguir su número pin y seguirla discretamente hasta sustraerle su tarjeta de crédito al descuido. Par ello, y tratando de evitar ser descubierta o reconocida, vestía con atuendos poco llamativos y complementos como gorros, gafas y mascarillas para ocultar su rostro. Además, durante los seguimientos, se mantenía alejada e iba cambiando su aspecto, soltándose o atándose el pelo, poniéndose o quitándose gorros, etc., para no ser detectada. Cuando las víctimas accedían al portal, usaban maniobras de distracción, como preguntar por alguna vecina para acercarse lo suficiente y sustraerles sus tarjetas bancarias, generalmente al descuido, pero no dudaba en usar la intimidación si era descubierta.
Un cómplice que hacía las funciones de chófer y vigilante
Esta mujer contaba con un cómplice que hacía las funciones de chófer y vigilante. Era el encargado de trasladarla en su vehículo a las sucursales bancarias con cajeros automáticos, así como de dar batidas por los aledaños para detectar la posible presencia policial. En todo momento ambos mantenían contacto telefónico o por mensajería, por si era necesario un traslado rápido en caso de que la víctima usase el transporte público.
Además, una vez esta mujer había conseguido la tarjeta bancaria o la cartilla, el varón la trasladaba en su vehículo hasta un cajero alejado para sacar dinero rápidamente antes de que la víctima se percatase de su falta.

















































