Alcalá de Henares, 9 de octubre de 2026.- Los actos institucionales de la jornada festiva del Día de Cervantes, hoy 9 de octubre, en esta Semana Cervantina, Fiesta de Interés Turístico Internacional, han estado presididos por la alcaldesa de Alcalá de Henares, Judith Piquet, junto a otros miembros de la Corporación municipal.
La jornada se ha iniciado con la procesión cívica de la Partida de Bautismo de Miguel de Cervantes, que fue trasladada desde la Casa Consistorial hasta la Capilla del Oidor. El documento, que se custodia en el Ayuntamiento, quedó expuesto junto a la pila bautismal en la que, según la tradición documental conservada por la ciudad, fue bautizado Miguel de Cervantes.
“Hoy es un día de celebración para todos los alcalaínos, a quienes quiero felicitar e invitar a disfrutar de los actos organizados y de su ciudad. Y a quienes nos visitan desde cualquier rincón de España y del mundo, les animo a descubrir y enamorarse de Alcalá de Henares”, ha afirmado la alcaldesa.
El libro de bautismos en el que se encuentra la inscripción de Miguel de Cervantes bautizado el 9 de octubre de 1547 deja claro que nació en Alcalá y aunque no hay constancia documental se tiene por cierto que nació el 29 de septiembre, día de San Miguel, de ahí que le pusieran ese nombre. Ese libro es, con toda probabilidad, el documento más importante de cuantos custodia el Ayuntamiento de Alcalá por la trascendencia histórica que tiene y que viene a callar a todos aquellos que se arrogan el nacimiento del autor de la primera novela moderna que es Don Quijote de la Mancha. Por eso, la procesión cívica que transcurre entre el Ayuntamiento y la Capilla del Oidor, donde se encuentra la pila en la que recibió las aguas bautismales Miguel de Cervantes, es un acontecimiento institucional de la máxima importancia.
La apasionante historia de la defensa del libro en Alcalá
Hay que recordar que el libro bautismal ha tenido no pocas vicisitudes. Estaba en la antigua iglesia de Santa María la Mayor en plena plaza de Cervantes. Cuando estalló la guerra civil española y, ante la delicada situación, el párroco César Manero confió el libro a Juan Raboso, un vecino de confianza, para que lo escondiera. En efecto, la iglesia de Santa María quedó destruida por un incendio y el sacerdote fue asesinado. Por su parte, Juan Raboso pidió a su amigo Francisco del Rio que soldara una caja metálica de galletas en la cual había introducido el libro puesto que lo ocultó en el interior de un pozo y de allí lo sacó cuando terminó la guerra, salvándolo de la destrucción.
Posteriormente, el sacerdote Manuel Palero desoyó la orden de trasladar el libró a Madrid, tal y como se lo pidió el arzobispado de Madrid Alcalá, y ante el temor de que fuera robado en la iglesia de los jesuitas, que acogió la parroquia de Santa María en la calle Libreros, decidió su traslado y custodia en el Ayuntamiento, donde hoy permanece.
La procesión cívica, por poco que dure -ya que el trayecto es de apenas 200 metros- tiene una importancia fundamental. El libro es llevado solemnemente por el Conserje Mayor del Ayuntamiento bajo custodia de los maceros y del jefe de la Policía Local, en este caso Emilio Vivas. Por detrás desfilan los miembros de la corporación municipal con sus medallas y demás autoridades que los acompañan.

















































