Alcalá de Henares, 9 de octubre de 2026.- Medio centenar de personas han participado a mediodía de hoy en la lectura pública del Quijote celebrada en el Corral de Comedias, como ya viene siendo tradicional en los últimos años. Se trata de un homenaje popular e institucional al autor de la inmortal obra novelística, el alcalaíno Miguel de Cervantes, en el aniversario de su bautismo que tuvo lugar en la antigua iglesia de Santa María la Mayor, en la plaza de Cervantes hace 479 años.
Hay libros que se leen en silencio y hay libros que, por la fuerza de su historia y por lo que representan para una comunidad, merecen ser leídos en voz alta. En Alcalá de Henares, cada 9 de octubre, el Quijote pertenece a esta segunda categoría. La lectura pública de la obra de Miguel de Cervantes se ha convertido en uno de los momentos más significativos de la celebración del Día de Cervantes, una tradición que recuerda el bautismo del escritor en su ciudad natal y que encuentra en la palabra compartida su mejor forma de homenaje.
Este año, alrededor de medio centenar de personas se dieron cita en el Corral de Comedias, escenario habitual de esta convocatoria en los últimos años. Allí, en un espacio que conserva la memoria del teatro y de la vida cultural de otros siglos, la novela de Cervantes volvió a cobrar vida a través de voces diferentes. No se trataba solamente de leer un clásico, sino de demostrar que una obra escrita hace más de cuatrocientos años continúa teniendo la capacidad de reunir a una ciudad.
La lectura comenzó con Helio Gascueña, presidente de la Asociación para la Discapacidad Intelectual de Alcalá de Henares (APHISA). Su participación tuvo un significado especial, pues esa misma tarde la entidad recibió el Premio Ciudad de Alcalá a los Valores Cívicos «Arsenio Lope Huerta», coincidiendo con el cincuenta aniversario de su labor de atención y apoyo a las personas con discapacidad intelectual y a sus familias.
Después tomó la palabra la alcaldesa, y la lectura continuó con la participación de portavoces de los grupos políticos municipales, con el vicerrector de Estudios Oficiales, Francisco Javier Acevedo, representantes de asociaciones y ciudadanos de distintas edades, jóvenes y mayores. también leyó por primera vez un director gerente del hospital de Alcalá. Lo hizo Mario García Gil. La sucesión de voces fue dibujando una imagen de la ciudad en la que la literatura deja de ser patrimonio exclusivo de los especialistas para convertirse en una experiencia abierta, plural y compartida.
Quizá ahí resida el sentido más profundo de esta convocatoria. En una sociedad en la que tantas conversaciones parecen transcurrir a distancia, a través de pantallas y mensajes fugaces, detenerse para escuchar una misma historia es una manera sencilla, pero significativa, de recuperar el espacio común. Cada participante aporta su voz, su ritmo y su manera de acercarse al texto; todos, sin embargo, comparten las mismas palabras. Durante ese tiempo, las diferencias de edad, profesión, responsabilidad o sensibilidad no desaparecen, pero encuentran un lugar donde convivir.
Una lectura que habla de la ciudad
La elección de Helio Gascueña para abrir la lectura añade otra dimensión al acto. Que la primera voz sea la del presidente de una asociación que lleva medio siglo trabajando por la inclusión y la dignidad de las personas con discapacidad intelectual permite establecer una conexión entre la celebración cultural y los valores cívicos que sostienen la vida colectiva.
El Quijote es una obra llena de contradicciones, ironía y preguntas sobre la justicia, la libertad y la dignidad humana. Sus personajes se mueven entre lo que el mundo es y lo que les gustaría que fuera. Don Quijote ve posibilidades donde otros solo encuentran imposibles; Sancho recuerda, con su sentido práctico, que los ideales también necesitan conocer los límites de la realidad. Entre ambos se construye una de las grandes conversaciones de la literatura universal.
No hace falta forzar el paralelismo para advertir que una ciudad también se define por su capacidad de mirar más allá de lo inmediato, de reconocer la dignidad de cada persona y de trabajar para que nadie quede al margen. La presencia de APHISA en el comienzo de la lectura y su posterior reconocimiento municipal aportaron a la jornada una dimensión humana que iba más allá de la conmemoración literaria.
El homenaje a Cervantes y el reconocimiento a una entidad dedicada a la inclusión no son actos idénticos, pero comparten un terreno de encuentro: la convicción de que la cultura y la convivencia adquieren su verdadero sentido cuando se abren a toda la sociedad.
El Corral de Comedias, un lugar para escuchar
También importa el lugar. El Corral de Comedias de Alcalá no es un escenario cualquiera. Su historia, vinculada a los orígenes del teatro público, lo convierte en un espacio especialmente apropiado para devolver la palabra a la comunidad. En él, la literatura no permanece encerrada en las páginas de un libro ni se presenta como una pieza distante que solo cabe admirar; se pronuncia, se escucha y vuelve a convertirse en acontecimiento.
La lectura comenzó por el capítulo 37 de la primera parte del Quijote. Desde ese punto, la obra fue pasando de una voz a otra, como si la propia continuidad del relato recordara que los libros sobreviven porque alguien los lee y alguien está dispuesto a escucharlos.
La participación de representantes políticos de distintas formaciones, asociaciones y ciudadanos tiene, además, un valor que conviene subrayar. En una lectura compartida, cada persona dispone de un momento para acercarse al texto y contribuir a una experiencia común. La palabra literaria crea así un espacio de encuentro que no exige pensar igual, sino aceptar una misma invitación: escuchar.
En ese sentido, el acto ofrece una imagen valiosa de la vida pública. La cultura puede ser un terreno donde la pluralidad no se percibe como un obstáculo, sino como una riqueza. La voz de la alcaldesa, las de los representantes municipales y las de los vecinos se integran en una misma lectura sin que ninguna tenga que apropiarse de la obra.
Cervantes sigue hablando a Alcalá
El 9 de octubre recuerda el bautismo de Miguel de Cervantes en Alcalá de Henares en 1547. La fecha proporciona el fundamento histórico de la celebración, pero la lectura pública permite que esa memoria no se limite a una ceremonia conmemorativa. Cada año, el escritor vuelve a la ciudad a través de sus palabras.
Y es que la importancia del Quijote no reside únicamente en su condición de obra maestra ni en el lugar que ocupa en la historia de la literatura. Su riqueza también está en la posibilidad de que lectores muy diferentes encuentren en sus páginas motivos para reír, reflexionar, discrepar o reconocerse. Cada época descubre nuevas preguntas en sus personajes, y cada lectura colectiva añade una pequeña experiencia al largo recorrido de la novela.
Por eso importa que participen jóvenes y mayores. La transmisión de la cultura no consiste solo en conservar un libro, sino en hacer que las nuevas generaciones lo encuentren, lo escuchen y decidan acercarse a él. La lectura en voz alta puede ser una puerta de entrada a una obra que, por su extensión o por la distancia del lenguaje, algunos lectores podrían considerar lejana.
La iniciativa recuerda también que los clásicos no pertenecen únicamente a las bibliotecas, las universidades o los estudios literarios. Son parte de una herencia cultural que se mantiene viva cuando la sociedad se apropia de ella de manera abierta y participativa.
Leer juntos, celebrar juntos
La lectura pública del Quijote en Alcalá tiene, en definitiva, algo de ceremonia y algo de conversación. Es un homenaje al escritor que vincula a la ciudad con la literatura universal, pero también una celebración de la capacidad de la cultura para crear comunidad.
Quizá esa sea la mejor manera de celebrar a Cervantes. No limitarse a recordar su nombre, sino volver a leerlo; no contemplar el Quijote como una reliquia, sino dejar que sus palabras circulen de una voz a otra; no separar el patrimonio literario de la vida cotidiana, sino incorporarlo a los espacios donde una ciudad se encuentra consigo misma.
Cada 9 de octubre, Alcalá recuerda de dónde viene uno de sus vínculos culturales más importantes. Y, al abrir el Quijote y leerlo en común, demuestra que esa historia no pertenece solo al pasado. Sigue presente en quienes se reúnen para escuchar, en quienes toman la palabra y en quienes descubren, quizá por primera vez, que una obra universal también puede sentirse cercana.
Porque leer a Cervantes en Alcalá es mucho más que rendir homenaje a un escritor. Es mantener viva una voz que sigue invitándonos a imaginar, a comprender y a compartir.
















































