Alcalá de Henares, 19 de febrero de 2026
¿Podría el Senado trabajar con montañas de polvo y papeles? ¿O acaso la Policía Nacional sería funcional rodeada de restos de basura? Pues este es el día a día de los estudiantes como yo en mi centro, y afecta igualmente al desarrollo de nuestras tareas.
Desde el comienzo del curso 2025-2026, en el centro educativo IES Doctor Marañón vivimos una situación que entorpece tanto la labor docente como el estudio. Dado que ha habido bajas y traslados que, para este artículo, son irrelevantes, la plantilla de limpieza se ha reducido a únicamente una persona.
El Doctor Marañón no tiene la escala monumental del IES Antonio Machado, pero sí es uno de los institutos con mayor envergadura de la ciudad, y que acoge estudiantes de otras localidades que son destinados aquí para cursar el Bachillerato. Que una sola persona tenga que encargarse de mantener limpias unas instalaciones de semejante magnitud y con una afluencia de cientos de personas diarias es incomprensible y claramente inabarcable.
Solo hay que remitirse a los hechos: nos encontramos diariamente con restos de comida que no han podido ser recogidos, las escaleras llenas de polvo y pelusa, aulas con más arena que baldosas y pizarras con toda una muralla de restos de tiza a sus pies. Sé que habrá quien argumente que los restos, tanto alimenticios como de material, esparcidos por los suelos son responsabilidad de un civismo por parte del alumnado, y estamos de acuerdo. Sin embargo, hay que tener en cuenta que controlar a cientos de personas que día a día recorren pasillos y clases es tarea imposible, y menos aún cuando las edades son de entre 12 y 15 años. Por eso, como se ha hecho hasta ahora, necesitamos trabajadores que, con buenas condiciones laborales y con la ayuda que les podamos prestar, mantengan el instituto en buen estado.
Además, no es una cuestión de estética. Los profesores tienen serios problemas para impartir las clases. Hay pizarras prácticamente inutilizadas por la suciedad acumulada, algunos docentes tienen fuertes alergias al polvo que les obligan a frenar con constancia la lección e incluso es recurrente que alumnos tengan que recoger algo del suelo por la gran cantidad de suciedad, paralizando momentáneamente la enseñanza.
Es por esto que considero que esta queja —e incluyo en esta opinión tanto a la dirección del centro como a mis compañeros— es completamente lícita. Jefatura de Estudios ha elevado las quejas pertinentes, e incluso padres lo han hecho, y la situación prosigue y empeora día a día.
La única petición que tenemos es que esta problemática se escuche y se solucione, y que, si es recurrente en otros centros, se animen a denunciarlo públicamente también y se tomen medidas para solucionarlo. Aquí no estamos hablando de una acera o un parque: el instituto es la cuna de la enseñanza y lo que prepara a los adolescentes y, además, una institución que debe ser respetada por la administración para que, consecuentemente, cumpla con sus funciones. No buscamos lujos o mejoras innecesarias; pedimos lo básico para que el centro no se acerque más a un vertedero que a lo que realmente es, un lugar para la educación.
Mario Barragán Ferreira


















































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