Alcalá de Henares, 8 de noviembre de 2025.- Entre los días 3 y 6 de noviembre de 2025, un grupo de sacerdotes ordenados hace diez años (decenio) o menos realizaron una peregrinación a las provincias de Salamanca, Ávila y Segovia. Estuvieron acompañados por Mons. Antonio Prieto Lucena, obispo de la Diócesis de Alcalá de Henares, por algunos diáconos y por el delegado diocesano del clero. Se trata de una peregrinación que se celebra cada año y que el curso pasado tuvo como destino Ars y Paray-Le-Monial, en Francia.
La peregrinación de este año tuvo su primera parada en Salamanca, donde pudieron orar y celebrar la Eucaristía en el Convento de Carmelitas Descalzos de Santa María Magdalena. Tras ello, realizaron una visita por la ciudad recalando en lugares como la Plaza Mayor, la Universidad, las catedrales vieja y nueva, y la casa de Santa Teresa de Jesús.
El martes 4 de noviembre viajaron desde Salamanca a Segovia para peregrinar hasta el Santuario de la Virgen de la Fuencisla y Fontiveros, pueblo natal de San Juan de la Cruz. Y al día siguiente peregrinaron al Monasterio de la Encarnación (Ávila) y Alba de Tormes, donde visitaron el Convento de las Carmelitas Descalzas, donde se encuentra el sepulcro de Santa Teresa de Jesús. Aquí se conservan su corazón y su brazo incorruptos.
Según explica el sacerdote Javier Jouve, delegado diocesano del Clero, «para mí la satisfacción más personal, que es motivo de acción de gracias a Dios, es la de poder convivir con los sacerdotes de nuestra diócesis ordenados en los últimos diez años. Poder disfrutar de esa fraternidad sacerdotal que es tan importante en nuestra vida como sacerdotes y que estando en los distintos lugares de misión donde el Señor nos ha puesto a cada uno, pues quizá no es tan directa en el día a día como cuando tenemos la oportunidad de ir a un lugar significativo a descansar también juntos y con el Señor como Él mismo convocaba a sus apóstoles».
Conociendo más las vidas de Santa Teresa de Ávila y de San Juan de la Cruz
«Después en la peregrinación en sí, habiéndonos acercado de nuevo -pero quizá como cobrando también conciencia de ello de una manera más fuerte- a la vida de San Juan de la Cruz y de Santa Teresa de Ávila damos gracias a Dios por unos testimonios de vidas entregadas al Señor en un amor apasionado por Él y por su pueblo como la de estos dos grandes santos, no sólo de la historia de la Iglesia en España sino de la historia de la Iglesia universal. Dos grandes místicos que el Señor nos ha regalado y que son maestros en nuestra vida de oración y de relación personal con Cristo. Del encuentro con ellos estos días yo destacaría, con respecto a lo que para los sacerdotes es algo tan tan importante, cosas que ellos mismos nos enseñan con su vida y con sus escritos:
En primer lugar, la humildad, que es la más alta de todas las virtudes desde la cual se suben los escalones, ya que conducen al cielo, de la que se siguen todas las demás virtudes como nos enseñan Santa Teresa y San Juan de la Cruz. Que sepamos ser sacerdotes humildes, por supuesto bien preparados y por supuesto personas que quieran ser santas, pero sobre todo con humildad.
En segundo lugar, que podamos entre nosotros cultivar un profundo y verdadero amor a la Iglesia, como Santa Teresa de Ávila tanto manifestaba constantemente en sus enseñanzas a sus monjas. Un amor a la Iglesia que nos lleva a querernos entregar. ‘Bienaventurada el alma que parte de este mundo habiendo querido entregarlo todo por el Señor y por su Iglesia’, decía ella. Que sepamos y queramos siempre conservar en nuestro corazón un amor a la Iglesia que nos lleve también a vivir con sentido de Iglesia todo nuestro ministerio.
Y en tercer lugar, una oración de intercesión por el pueblo santo de Dios, por el pueblo que es el pueblo del Señor, que Él nos encomienda cuidar en su nombre como pastores. Y una oración de intercesión en la que consiste el corazón de la vida cristiana que ya hemos recibido no sólo en la ordenación sacerdotal sino en el bautismo: interceder por el pueblo que se nos ha confiado. Y no sólo con nuestros actos de oración o con nuestros actos litúrgicos sino con toda nuestra vida, con nuestras acciones diarias y cotidiana. Que todo ello sea un ofrecimiento de la vida en unión con Cristo al Padre Dios, por nuestro pueblo, por todos los miembros de nuestra Iglesia local de Alcalá», destaca Jouve.
Oraciones para el Señor envíe vocaciones y para que el presbiterio viva la fraternidad sacerdotal
Y el delegado diocesano del Clero concluye indicando que «animo a los fieles que puedan leer esta crónica a que recen para que el Señor nos envíe vocaciones sacerdotales que puedan cuidar de su pueblo como Él lo desea según su corazón, que las necesitamos mucho. Y que recen también por los sacerdotes que hoy en día formamos parte del presbiterio de nuestra diócesis para que podamos vivir esta fraternidad sacerdotal, para que sepamos conservar este amor y sentido de Iglesia y para que sepamos ofrecer la vida intercediendo por todo el pueblo de Dios».

















































