Alcalá de Henares, 5 de diciembre de 2025.- Alcalá ha iluminado la Navidad con más de 600 elementos decorativos que han llegado a todos los barrios y este año como novedad a nuevas zonas de los barrios de Ciudad 10, Ciudad del Aire, el Chorrillo y los Gorriones. En total, se han instalado 235 arcos, 304 motivos de farola, 11 letreros luminosos, 3 espacios con cortinas de luz, 66 figuras de tamaño medio, 5 figuras de gran formato, un ángel anunciador de 6 metros, un cono luminoso de 16 metros y un cono de 20 metros.
Una de las principales novedades es la ampliación de los carteles de bienvenida y felicitación navideña, que pasarán de los 3 ó 4 habituales a 11 emplazamientos, con el objetivo de llegar a la mayoría de las principales entradas de los barrios y felicitar la Navidad tanto a los vecinos como a quienes visiten la ciudad.
La mayoría de los motivos luminosos son nuevos, nunca antes vistos ni utilizados en Alcalá, y todos ellos serán de tecnología LED de bajo consumo, reafirmando el compromiso con la eficiencia energética y la sostenibilidad. Como gran novedad, este año se ha estrenado también una iluminación “alcalaína” propia para la calle Libreros, que se ha convertido en uno de los principales atractivos del recorrido navideño.
La iluminación comenzó su funcionamiento el sábado 29 de noviembre en el centro histórico ampliándose progresivamente al resto de la ciudad.
Sentido religioso y decorativo
Las luces de Navidad son luces utilizadas en un ámbito decorativo durante el periodo navideño. Este hábito se inicia con el uso de velas para decorar árboles de Navidad en hogares de clase alta alemanes en el siglo XVIII.
Las luces han estado ligadas a la Navidad por su fuerte carga simbólica. En el cristianismo, su brillo hace referencia directa al nacimiento de Jesús, considerado tradicionalmente como la “luz del mundo”. Colocar luces en los hogares o en el árbol simboliza la llegada de esperanza y renovación espiritual durante este periodo.
Pero su sentido va más allá de lo religioso. En muchas culturas, especialmente en Europa, la iluminación invernal ha sido un recurso para celebrar en medio de las noches más largas del año, coincidiendo con el solsticio de invierno. Por ello, incluso personas que no practican una fe específica adoptan las luces como símbolo de alegría, unión familiar y calidez durante la temporada más fría.
Con el paso del tiempo, las luces se volvieron parte de un lenguaje compartido: encenderlas no solo decora, sino que anuncia el inicio de un ciclo festivo asociado a la convivencia, los recuerdos y la tradición colectiva.
Los árboles de Navidad iluminados con luz eléctrica empezaron a ser populares en entornos públicos a principios del siglo XX y es a mediados del mismo cuando empieza a ser habitual decorar edificios, calles y espacios privados con guirnaldas luminosas desvinculándolas de su origen como complemento del árbol de Navidad. En algunos países como Estados Unidos, esta costumbre toma mucha relevancia en la decoración de viviendas particulares a partir de los años 60. A finales del siglo XX esta costumbre ya se había extendido a otros países no occidentales como por ejemplo Japón.













































