Alcalá de Henares, 22 de septiembre de 2025.- El obispo de la diócesis de Alcalá presidió el domingo 21 de septiembre la misa de la fiesta grande de la patrona complutense y de la diócesis, la Virgen del Val. En una ceremonia que pudo celebrarse con normalidad y con una excelente meteorología en la explanada de la ermita a pesar de que había un cierto riesgo de lluvia, la celebración contó con la asistencia de la alcaldesa de Alcalá, Judith Piquet, acompañada por miembros de su equipo de gobierno. También asistieron miembros de la oposición.
Uno de los momentos más esperados fue el de las ofrendas de flores a la patrona que fueron recibidas por la presidenta de la cofradía, Gema García Merino y por los miembros de su junta de gobierno. Entidades e instituciones diversas participaron en esta ofrenda floral a la que este año se unieron la Sociedad de Condueños y la Asociación de Veteranos del CIR 2. La Schola Cantorum cantó la misa como viene siendo tradicional desde hace años.
El obispo dedicó su homilía a la juventud: “La Iglesia necesita a los jóvenes, porque está llamada a rejuvenecerse continuamente, y está llamada a ser la “juventud del mundo”, como decía San Pablo VI. A nuestra patrona, la Virgen del Val, quiero presentarle esta mañana a todos los jóvenes de nuestra diócesis, a los que creen y a los que no creen. Ella, que es “Madre de los jóvenes”, y que sabe sintonizar con los deseos de sus corazones, sabrá decirle a Jesús: “no tienen vino”, para que Jesús les conceda el vino bueno, el vino de la alegría verdadera, que se sirve al final, y que brota de su costado abierto en la cruz. A toda la comunidad cristiana, aquí reunida, quiero pediros que recéis por los niños y jóvenes, y por las actividades que realiza nuestra Delegación de Infancia y Juventud, para que nuestros niños y jóvenes descubran el regalo inmenso de la fe, y sean generosos en su camino de seguimiento de Jesucristo”.
Monseñor Antonio Prieto dijo también que “cada año, cuando celebramos las fiestas de la Virgen del Val, escuchamos con emoción la “oración del paracaidista”, de nuestra querida BRIPAC. Es una oración que rezuma valentía militar, pero también un hondo sentido del cielo y de la vida eterna. La oración termina con la convicción de que Dios, creador de todas las cosas, estará siempre en el aire y en el suelo, para abrazarnos, curar la herida, o recoger nuestra alma. Que nuestra patrona nos infunda este profundo sentido de la vida eterna”.

















































