España
En una sociedad crispada, dividida siempre entre facciones, en la que todo el mundo pretende llevar razón, su razón, vituperando e insultando a quien no piensa o hace lo que yo pienso o hago, es muy difícil escribir hoy en día la verdad, a secas, única e indiscutible para todo el mundo.
A mí me enseñaron a leer y escribir en «La Cantina», escuela de párvulos que aún perdura en mi ciudad de nacimiento. Luego fui al colegio «Carlos Eraña» que era dónde hacían las prácticas los futuros Maestros que estudiaban en la Escuela de Magisterio y a dónde los inspectores de Enseñanza Pública iban a examinarlos en función de lo que habíamos aprendido los alumnos; a la par, mi padre me compró el «Miranda Podadera», que aún guardo en un lugar de honor en mi biblioteca y que me sirvió para escribir muchísimas veces cada una de las miles de palabras que incorporaba del idioma español y su escritura sin faltas de ortografía.
En el Bachiller, con textos del profesor Blecua, tuve diversos profesores de Literatura Española, pero quién influyó más en mi afición literaria fue una catedrática llamada Doña Rosa Bobé, que nos hacía leer un libro de un autor reconocido, desde los clásicos griegos hasta la generación del cincuenta española y sobre el que teníamos, obligación, de presentarle un resumen de dos páginas escritas a la semana siguiente. Lectura, comprensión y concreción era el resumen de ese trabajo semanal, fuera del horario oficial de clase.
Cuando estudiaba el PREU empecé a colaborar en el periódico local, LANZA, propiedad de la Diputación, franquista, que lo dirigía un periodista que era, creo recordar, coronel mutilado de guerra del ejército de Franco, que firmaba con el acróstico de KASAMA. Como todo el mundo, tenía que comer, a ser posible todos los días, por lo que publicaba todo lo que le remitían los organismos oficiales y las noticias locales y nacionales de inauguraciones, condecoraciones y resto de prebendas, o sea, exactamente igual que ahora, que muchos se autoproclaman «prensa libre» pero que no podrían subsistir financieramente sin los anuncios y subvenciones estatales.
Como he dicho, era coronel franquista que mantenía que el Gobierno del Frente Popular fue un Gobierno ilegítimo porque salió de unos resultados manipulados a raíz del vil asesinato del jefe de la oposición José Calvo Sotelo por parte del el socialista Luis Cuenca Estevas perpetrado en un vehículo de la policía del Estado. Y que Franco, el general más joven en la historia de España, había dicho en diversas ocasiones durante la República: «Al ejército no le es lícito sublevarse contra un Partido ni contra una Constitución que no le gusten; pero tiene el deber de levantarse en armas para defender a la Patria cuando esté en peligro de muerte». Acababa siempre con un párrafo del alcalaíno Manuel Azaña, presidente de la II República: «Franco no se rebeló contra la República sino contra la chusma que se había apoderado de ella». A partir de ahí y sabiendo que el objetivo de los dos bandos era exterminarse mutuamente, allí no habría ni vencedores ni vencidos, al que perdiera sólo le esperaba la cárcel, el exilio o el paredón, él no estaba de acuerdo con las represalias tomadas una vez finalizada la guerra, y su espíritu era el de la concordia que muchas personas de todas las ideas, clases y colores tenían desde años antes de morir Franco.
Con ese pensamiento, que se guardaba muy mucho de manifestar en público, media docena de mozalbetes de aquella época empezamos a colaborar en ese periódico, a veces con nuestro nombre y otras, la mayoría, bajo seudónimos que variaban con frecuencia para que no se nos identificara, en una ciudad en la que prácticamente nos conocíamos todos.
Él fue el que me enseñó a cambiar de lugar las comas, a usar condicionales y subjuntivos en vez de indicativos, a hacer preguntas sin respuestas en vez de afirmaciones, a buscar sinónimos en desuso para el ojo vigilante de la época, a usar metáforas y situar acciones en tierras de Ulises, de Polifemo, del infierno de Dante, el Comendador de Fuenteovejuna o la presencia de la cebolla (Miguel Hernández) para indicar sufrimiento. Porque, muy atemperada por Manuel Fraga Iribarne, la censura seguía existiendo.
Han pasado los años, Franco murió por ley de vida, nos dimos un fraternal abrazo en la Transición que creíamos era definitivo, y hemos llegado al final del primer cuarto del siglo XXI tan enfrentados como en aquellos años que precedieron a la Guerra Civil, tratando de inculcarnos que la historia no ha existido, que comienza cuando a una parte de los que gobiernan le interesa que comience, cuando nos dicen que los buenos son aquellos que asesinaron a millones de personas durante el siglo pasado, los que mataron a miles de españoles por la espalda y sin compasión de ningún tipo no hace tantos años, cuando un gobierno elegido democráticamente se olvida de lo prometido en campaña electoral y se rodea de quienes su único objetivo es el odio a España y la esquilma del resto de los ciudadanos, que callan mansamente porque se han empezado a acostumbrar a vivir en una economía de subsistencia en una gran parte subvencionada por ese Gobierno, que ha copado todos los organismo públicos y las mayores empresas privadas como si pensase estar en el poder los mismos años que estuvo Franco y que ha modificado las leyes a su conveniencia con ese objetivo, entre otras, para que tengamos que volver a escribir con el mismo cuidado, cautela y temor que lo hacíamos en aquellos años de mi profesor y amigo KASAMA, ya fallecido.
Los datos que vamos a facilitar a continuación, cerrados a fecha veinte de julio de 2.025, sobre los que voy a hacer los mínimos comentarios posibles para que cada lector haga la interpretación que considere oportuna, aunque para hacer la correcta reconozco que hay que tener ciertos conocimientos estadísticos, son elaboración propia y proceden de las siguientes fuentes:
INE – Instituto Nacional de Estadística
Banco de España
Ministerio de Justicia
Ministerio del Interior – Balances de criminalidad – Estadísticas penitenciarias
UCIDE
Datosmacro – Inversión
Statista
A unos les gustará más y a otros, menos. Pero son DATOS, oficiales, y salvo que yo haya cometido algún error involuntario en la transcripción de alguno de ellos, estas somos las personas y circunstancias de los que vivimos en España.
A destacar el aumento alarmante de los delitos informáticos, los homicidios dolosos y asesinatos en grado de tentativa y los de tipo sexual.
En cuanto a los delitos informáticos, son estafas que cambian día a día en la forma de llevarlas a cabo y sobre las que hay que perseverar y aumentar la dedicación a informar y formar a la ciudadanía, y en especial a las personas mayores.
El otro tema verdaderamente preocupante son los delitos agrupados en el concepto de «agresión sexual», en los que también hay que incluir una parte importante de los denominados «homicidios y asesinatos en grado de tentativa», que muchas veces van unidos o al menos anexos tangencialmente.
Cuando se dice que han muerto tantas mujeres por violencia de género —hay que observar que ningún medio se hace eco cuando los fallecidos son hombres— procedería saber de qué edad, si están casados o no, nacionalidad, nivel cultural, qué trabajo desempeñan, si son personas ociosas subvencionadas, antecedentes y anteriores medidas tomadas, si viven juntos o no, si es en vivienda propia, de alquiler u ocupada, etc, etc.
Cuando se dice que ha habido tantos delitos de abuso sexual o violaciones, exactamente igual, se ocultan datos de forma premeditada políticamente, pero que serían absolutamente necesarios conocer para poder poner las medidas adecuadas para corregir la situación.
Las mujeres muertas por violencia de género han sido:
Como se ve claramente, cada vez son más las extranjeras muertas bajo este apartado estadístico que si lo expresamos en porcentajes las habidas en el año 2024 sobre cada una de las poblaciones, es del 0,568 por millón (sobre 42.225.636 de censo) como españoles y del 3,502 por millón (sobre 6.852.348 de censo) como extranjeros, lo que supone el 616,65% más entre los extranjeros. Habría que revisar en qué se emplea el presupuesto del Ministerio de Igualdad, no vaya a ser que como hay tantos chiringuitos viviendo del tema, la mayor parte se vaya en sueldos, inmuebles, alquileres y canonjías que nada tienen que ver con la ayuda a las mujeres que la necesitan.
Hasta aquí los datos fehacientes correspondientes al año 2024, pues la mayoría de los análisis y estudios que se realizan aún no se han publicado cuando hacemos estos comentarios.
Los datos correspondientes al año 2023 son:
La población extranjera es el 13,37% del total, encabezada por los originarios de Marruecos (14,17% del total extranjeros), Rumanía (9,55%), Colombia (8,91%) y Venezuela (5,01%).
Los reclusos extranjeros son el 31,20% del total de personas en prisión. En nueve Comunidades Autónomas se supera ese porcentaje siendo en Cataluña dónde se alcanza el máximo con el 50,36% de reclusos extranjeros con relación al total de los existentes en dicha CCAA.
Las estadísticas históricas (años 2019 a 2024) de delitos, condenados y reclusos se incluyen a continuación, debiendo advertir que lo importante es la cadencia que se observa a lo largo de los años, ya que tanto la de condenados como el de reclusos pueden, y de hecho son así, corresponder a delitos cometidos, juzgados e ingreso en prisión en años precedentes.
El tema de la inmigración y más concretamente el de la población musulmana, se está utilizando desde hace algunos años como punta de lanza mutua entre los llamados «progresistas» y «conservadores», sin que ninguno de ellos explique con claridad cuál es su posicionamiento político, económico y social.
Fue Rodríguez Zapatero el que, en el año 2008, viendo el problema que ya se suscitaba en la sociedad española, confeccionó y remitió a todos los medios una «Guía práctica para los profesionales de los medios de comunicación: Tratamiento mediático de la inmigración» en la que se recoge cómo había que dar las noticias y reseñas sobre este tema: «Evitar el lenguaje con prejuicios genéricos: ilegal, indocumentado o sin papeles; evitar las atribuciones tópicas que implican valoración, en especial, no relacionar opción religiosa con fundamentalismo; cuidar especialmente los titulares y los reclamos de noticias; evitar la asociación de un colectivo con una actividad ilegal, sin renunciar a las denominaciones colectivas; favorecer una visión más amplia, compleja y plural de las sociedades no Occidentales, para evitar el etnocentrismo; evitar la asociación entre inmigración y violencia, conflicto, marginalidad, desorden o delincuencia; evitar el tratamiento utilitarista de la inmigración, por baja natalidad o para cubrir puestos de trabajo …»
Desde entonces los calificativos xenófobos, racistas y otros similares son los ataques verbales que «los progresistas» esgrimen contra quienes se muestran contrarios a la inmigración ilegal, olvidando que:
El tema «inmigración ilegal» está recogido en la vigente Ley de Extranjería, sobre derechos y libertades de los extranjeros en España y su integración social, que se incumple constantemente, empezando por las autoridades políticas y siguiendo en cascada, prevaleciendo los temas políticos a los estipulados en dicha ley.
- Los antecedentes de toda clase de problemas que presentan países como Alemania, Francia, Bélgica, Suecia, Dinamarca o Inglaterra principalmente, en una Europa que cuenta con el 6,30% de musulmanes sobre el total de su población, unos cuarenta millones de personas que serían imparables en una guerra de guerrillas a lo largo y ancho de todo el continente europeo.
La opacidad total en cuanto a la llegada de esos inmigrantes. Cuando una persona va a un hotel en España para dormir una sola noche, ha de facilitar su tarjeta identificativa oficial y hasta un total de veintidós datos por «seguridad nacional». Esos inmigrantes llegan a España, puerta de Europa, sin que sepamos si son menores o mayores de edad, nacionalidad, si son delincuentes que acaban de salir de la cárcel en sus países de origen, si son espías militares o catedráticos de la Universidad de Fez, por qué no los quieren acoger en otros países musulmanes de alto poder adquisitivo, sin saber a qué vienen y con actitudes sospechosas, como ocurre en Suecia, en el que el setenta y nueve por ciento de los que se han presentado como refugiados políticos vuelven todos los años de vacaciones a ese país del que, en teoría, «huyeron» (Fuente: Breitbart).
La palabra xenofobia proviene del prefijo «xeno», que hace referencia a algo o alguien de origen extranjero; y el sufijo latino «fobia», que indica rechazo o aversión. Así, la xenofobia significa literalmente «rechazo al extranjero». Nadie es xenófobo. Lo que nadie quiere es la llegada de delincuentes, presos de cárceles en sus países de origen, espías militares con cuerpos esculpidos en gimnasios, todos atléticos, bien alimentados, con un reloj y un teléfono mejor que el de cualquiera de nosotros, indocumentados, tratando de imponer sus usos ancestrales, entre ellos la muerte a los homosexuales y a las mujeres infieles (solamente eso significaría mermar en un alto porcentaje la población española) y, en su mayoría, con muy pocas ganas, por no decir ninguna, de trabajar e integrarse en la sociedad occidental de su país de acogida.
Nadie que llega a España, o a cualquier país de Europa, a estudiar o a trabajar, legal y honradamente, a integrarse en su sociedad, es rechazado. En España hay inmigrantes procedentes de más de cien países de todo el mundo. Ningún inglés, alemán, canadiense, japonés, chino, venezolano, uruguayo, cubano, esloveno, griego o australiano podrá decir que se siente discriminado por motivo alguno. Probablemente todos, antes de hablar, deberíamos estudiar el santo Corán y las interpretaciones que de él hacen ciertos imanes para hacerlo con conocimiento de causa.
Para mí, contrario a cualquier cosa que cercene la libertad y la democracia, tres dictaduras tratan de imponerse en el mundo actual: el comunismo, el globalismo y el islamismo, que se retroalimentan entre ellas y se utilizan unas a otras como arietes contra todo aquél que alce su voz en contra de alguno de esos idearios, cuyo último objetivo es acabar con la libertad de las personas, poniendo fin a la civilización occidental tal como la conocemos y establecer una nueva forma de vivir y actuar.

















































