Cuando, a principios del siglo XX, se generalizó el uso de la fotografía en el periodismo, se popularizó la expresión de que una imagen vale más que mil palabras. Un siglo después, en la era de la imagen y la comunicación, no solo sigue vigente sino que adquiere mayor fuerza y veracidad. Los terminales móviles permiten que cada uno de nosotros pueda erigirse en fotoperiodista ante cualquier evento que presencie, la videovigilancia ayuda a resolver crímenes, y el ojo de ese gran hermano que todo lo ve desde el satélite retrata el paso del tiempo y delata los aciertos e incompetencias de las actuaciones del ser humano en nuestro medio natural y urbano.
Con ayuda precisamente de lo último que ha podido ver este gran centinela en nuestra ciudad queremos evidenciar la múltiple aberración cometida en un entorno especialmente sensible como es el del solar situado en el Camino de los Afligidos s/n, frente a la calle Melilla, conocido como parcela de Finangás. Este emplazamiento forma parte de un complejo arqueológico en el que se solapan en el espacio tres civilizaciones distintas en el tiempo: una más remota, prehistórica, que se data en torno a los milenios III a II a.C., correspondiente al periodo Calcolítico, Edad de Cobre o Eneolítico; otra de la Edad Antigua, romana, como villa del extrarradio de Complutum; y una más, de la Alta Edad Media, visigoda.
Eso sí, a nuestros gobernantes presentes y pretéritos no podemos negarles el mérito de haber conseguido el triste logro de reunir en una misma decisión un manojo tan grande de insensateces, se mire desde el punto de vista que se mire. Y como, aunque una imagen vale más que mil palabras, pero una imagen y mil palabras valen aún más, vamos también a analizar todas las aberraciones cometidas.
Arqueológica – “Yacimiento eneolítico de La Esgaravita, villa romana del Val y necrópolis de Los Afligidos” es el nombre con el que quedó incoado el 24 de octubre de 1988 en el Catálogo de Bienes Protegidos de la Comunidad de Madrid. Desde entonces y hasta nuestros días, un interminable reguero de acciones y despropósitos de las autoridades competentes ha acompañado el paso de las décadas. Pareciera que en este peregrinar entre los siglos XX y XXI debería haberse beneficiado de esa tendencia hacia una mayor sensibilidad por el legado patrimonial presente en toda Europa. Pareciera que la declaración de Alcalá como Patrimonio de la Humanidad por parte de la UNESCO una década después tendría que haber sido el espaldarazo definitivo para salvaguardar del abandono, la destrucción y la especulación tan rico y variado testimonio de nuestros pueblos antepasados. Pareciera que deberíamos haber aprendido de la pérdida en este mismo yacimiento de las más de cien tumbas de la necrópolis visigoda entre los años cincuenta y ochenta en excavaciones sin control y construcción de naves industriales. Pareciera, ¿verdad? Pues no.
Lo cierto es que la villa romana del Val yace aún hoy bajo la maleza y las lonas que, ya raídas por el sol, se esfuerzan en proteger sus cimientos olvidados. Tan cierto como que el edificio que en su solar se levantó con el atinado propósito de ser centro de interpretación y taller de restauración no llegó siquiera a concluirse y lleva años consumiéndose bajo su depauperada imagen grafitera. Parte de los restos de esta villa llegaban al extremo oriental del yacimiento habiendo sido arrasada en los últimos dos años por las zarpas de la maquinaria que preparó el terreno para levantar los nuevos edificios de viviendas, como se puede observar en la secuencia de imágenes satelitales.
Sin embargo, lo más singular de este rincón del yacimiento es el hallazgo de un asentamiento calcolítico durante los trabajos de instalación, en la década de los 70, de unos depósitos de gas, durante los que el Grupo Arqueológico de Alcalá pudo recuperar una serie de fragmentos cerámicos y de piezas elaboradas en sílex. Medio siglo no ha sido suficiente para despertar conciencias y en toda la secuencia de hechos descritos más adelante nunca el interés histórico y arqueológico estuvo por encima de otros mucho más codiciosos.
El convenio urbanístico contempla, como es preceptivo, una serie de espacios de cesión obligatoria al municipio para equipamientos que sumarían unos 6.000 m2, y se especificó que éstos tendrían “la obligación de ubicarlos en la zona colindante al Parque Arqueológico de la Villa Romana de ‘El Val’”. Finalmente, de ellos, según los planos, sólo alrededor de 2300 m2 cumplen con ese requisito, bajo la premisa de uso dotacional, y el resto, en el noreste de la parcela se destinará a espacio verde. Entre los equipamientos con uso de interés social que la Ley 9/2001, del Suelo de la Comunidad de Madrid, en su artículo 36, contempla para estos espacios definidos como dotacionales están los de ámbito cultural. Podría esperarse entonces que, previo estudio sobre el terreno de la ubicación de los restos arqueológicos, estos se encontrarían en ese espacio reservado y en ningún caso bajo los bloques de viviendas. Pero no hay más que irse a las dos primeras imágenes del satélite para comprobar que donde en noviembre de 2021 se aprecian claramente restos romanos, en la de septiembre de 2022 ya están engullidos por las obras del primer bloque en construcción. Y lo mismo para esos fondos de cabaña que se observan nítidamente cómo subsisten en las imágenes de 2021, 2022 y 2023, para sucumbir a los cimientos de nuevos bloques en la de 2025. Una vez más, nuestro gozo en un pozo.
Ambiental – El emplazamiento de esta urbanización en altura asfixia y confina un poco más la ya de por sí presionada ribera del río Henares en su margen derecha. Al pie mismo del solar en construcción transcurre la colada de la Esgaravita, junto al caz del mismo nombre, construido en el s. XVI para mover la maquinaria del brutal e injustificadamente demolido en 2007 molino de la Esgaravita, otra cicatriz que se unirá a la de la herida abierta ahora justo al lado, la propia parcela de Finangás. Los nuevos bloques invaden por tanto los 100 metros de protección que la red Natura 2000 contempla para la cuenca del Henares por ser Zona de Especial Conservación gracias a sus valores ambientales, entre los que destacan ser uno de los mejores bosques galería de la región y su diversidad faunística. Nuevos vertidos de basura, mayor presencia humana y la obligación de facto a usar el vehículo particular por su aislamiento, es la contribución medioambiental que nuestro río y su entorno tiene que agradecerle a los que durante décadas han puesto todo su empeño en la consumación de este absurdo.
Urbanística – Resulta francamente difícil de comprender quién, en su sana razón, tras realizar estudios técnicos y de impacto urbanístico, decide que incrustar un microbarrio de tres bloques de seis plantas sobre rasante entre un espacio natural de alto valor y un polígono industrial, es una fantástica idea. Un islote residencial que se levanta sobre un espacio declarado BIC, sobresaliendo en altura sobre naves industriales al norte y noroeste, sobre una isla fluvial llana inmediatamente al este y sobre unas viviendas unifamiliares de escasa elevación al suroeste. ¡Bingo!, no se nos hubiera podido ocurrir nunca un desaguisado tan completo.
Bien, pues como era evidente que esta iba a ser una de las principales causas de crítica ciudadana, decidieron adelantarse dando la vuelta a la argumentación, de manera que sustentaron la perversa modificación del Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) en la necesidad de “reordenación de aquellos suelos urbanos ubicados en zonas consolidadas de predominio residencial, como este caso, que han quedado en desuso (…) encontrándose (…) en una posición que no es coherente desde una perspectiva urbanística, a su entorno más inmediato”. Pues sí, ya lo ven, si para recalificar el terreno es necesario decirnos a los ciudadanos que un enclave situado entre un polígono y la ribera del río Henares, y alejado, salvo por su extremo suroeste, de cualquier barrio de Alcalá, es una zona residencial consolidada, y que levantar pisos ahí es lo urbanísticamente coherente, pues se dice. Es lo que tiene la arrogancia y la subestimación de la capacidad intelectual de los complutenses.
Paisajística – En el punto del Camino de los Afligidos donde de forma más generosa se ofrecía a nuestros ojos el emblemático cerro del Ecce Homo, hoy, tres artefactos visuales irrumpen en la mirada, también afligida, del transeúnte. Su imponente figura mesetaria ha sido devorada por ellos, a pesar de esos 249 metros de desnivel sobre el río Henares. No existe en casi un kilómetro a la redonda ninguna construcción que se acerque a los cerca de 20 metros de altura de estos edificios, ni que perturbe tanto la visión del entorno.
Social – Sus apenas 350 habitantes, -según la actual ratio española de 2,5 personas por hogar-, residirán en una burbuja urbana, aislada de la ciudad, y por tanto forzados a una desvinculación y menor integración en su tejido social. Su retiro provocará demandas de comunicaciones y servicios difícilmente atendibles y sostenibles para una población tan reducida. Asimismo, la seguridad nocturna en este entorno solitario y deficientemente iluminado, pero de fácil acceso para los malhechores, puede verse seriamente comprometida.
En este apartado es necesario recordar que casi desde el inicio de este periplo los diferentes equipos de gobierno han desoído e ignorado la incesante reivindicación social y vecinal exigiendo la protección real y puesta en valor del yacimiento. Queremos desde estas líneas reconocer y valorar especialmente la encomiable e incansable labor que en este sentido ha realizado siempre la Asociación de Vecinos El Val. Pero no estaban solos. Otros grupos como Ecologistas en Acción o el propio Grupo en Defensa del Patrimonio Complutense, firmante de este artículo, hemos denunciado una y otra vez el desamparo y desprecio al que estaba siendo sometido por las mismas autoridades que deberían velar por su mantenimiento.
Política – La Villa Romana del Val se descubre bajo el régimen franquista en 1970, siendo alcalde uno de los miembros de la alcalainísima saga Huerta; Félix Huerta y Álvarez de Lara. Desde entonces, se han sucedido 13 legislaturas, 12 de ellas por elección democrática, en las que PSOE y PP, con o sin coaliciones, se han alternado el poder municipal, asistiendo, como vaca viendo pasar el tren, al deterioro por abandono, y finalmente aniquilación parcial, de este complejo arqueológico. Todos ellos, por acción u omisión, cómplices de uno de los más vergonzantes capítulos del maltrato a nuestro patrimonio.
Ni la posterior aparición de restos calcolíticos, durante la instalación de los depósitos de gas propano de Finangás, ni hallazgos de enorme relevancia como el mosaico del Auriga Victorioso que dio un impulso definitivo a la incoación como BIC en 1988, en tiempos del socialista Florencio Campos, sirvieron para que los responsables políticos del momento dieran un giro a la situación. Tampoco para que, una vez obsoletas las instalaciones de propano, con la llegada del gas natural a Alcalá, se ocuparan de recuperar en la medida de lo posible la zona calcolítica, en vez de limitarse a contemplar su progresiva degradación durante lustros.
Pero la retahíla de agravios no hacía más que empezar. En diciembre de 2005, el ayuntamiento, con el popular Bartolomé González al frente, y la promotora que había adquirido el solar, suscriben un convenio urbanístico para modificar el PGOU en el ámbito de la Unidad de Ejecución 28 (UE-28), -la parcela de Finangás-, la cual tiene lugar en 2007, pasando, según los planos de calificación, de “Equipamiento institucional” a “Uso global VIV.”. Con el terreno allanado, -permítasenos el símil-, en 2009 las promotoras Alcalá Hispana y Catalunya Mediterránea presentan un Plan Parcial al ayuntamiento, éste lo aprueba, se publica en el BOCM y ¡tachán!, aquí paz y después gloria, listo para construir. Hecha la ley, hecha la trampa. Todo tan al límite legal como aberrante. Así es que en febrero de 2011 firman el texto definitivo del convenio para la urbanización y edificación de este espacio, y un año después el movimiento de tierras y el trazado de un eje vial que atraviesa el solar, arrasa con cuantos restos calcolíticos encuentra. No obstante, los trabajos apenas avanzan en los siguientes años. No son buenos tiempos. El globo inmobiliario pinchó y las constructoras tuvieron que recoger cable en plena ejecución. En este caso, al menos nos libramos de la imagen fantasmal de los esqueletos de edificios inconclusos que poblaban España.
El cambio de color de la corporación municipal en 2015 no conllevó nuevas sensibilidades ni compasión alguna con los vestigios de nuestros antepasados en este terreno. Las palabras críticas que el nuevo regidor socialista, Javier Rodríguez Palacios, pronunció en 2007, -entonces concejal en la oposición-, con motivo de la recalificación apostando por un “urbanismo sostenible en lugar de pisos para Finangás”, se las terminó llevando el aire, pero no la hemeroteca. La paulatina remontada de la crisis inmobiliaria nos hacía temer lo peor, y así, la nueva promotora, Aelca, sólo tuvo que retomar en 2022, aún en tiempos socialistas, los trabajos de los antiguos propietarios dejando una situación plácida a la actual alcaldesa del PP, Judith Piquet, que con la sinrazón ya en marcha, con el respaldo y la connivencia de sus antecesores, sólo tiene que dejarse llevar sin dar mayores explicaciones.
Turístico-cultural – Es una injustificable oportunidad perdida de hacer de todo el conjunto del yacimiento un enclave musealizado y visitable que pusiera en valor esta superposición de civilizaciones. Su calificación anterior a 2007 como “equipamiento institucional” permitía este uso, y un proyecto de este tipo habría sido un perfecto complemento al yacimiento de Complutum, ilustrando la importancia de las villas de su entorno, y el valor natural y estratégico que a este emplazamiento le otorgaron los pueblos que en él se asentaron. En definitiva, un nuevo recurso cultural y reclamo turístico que engrosara la oferta de nuestra ciudad.
Ahora, una vez culminado el “patrimonicidio”, el Grupo en Defensa del Patrimonio Complutense exige al ayuntamiento que explique a los alcalaínos si al menos ese espacio reclamado en el convenio para uso dotacional junto al solar contiguo de la Villa romana de El Val, se va a excavar y a poner en valor los restos que puedan quedar para su uso cultural y divulgativo. E igualmente si, los fondos del calcolítico que tenemos constancia que existen al noreste de la parcela, podrán ser rescatados e integrados, con la debida protección y señalización, dentro de su uso asignado como espacio verde. Es decir, señores políticos, aunque su ya ancestral desprecio por este enclave haya dejado reducido a migajas su rico testimonio de nuestra historia, lucharemos al menos por salvarlas, como hacemos por lo que se mantiene en el otro caso sangrante de atentado institucional contra el patrimonio histórico: el antiguo colegio universitario de San Isidoro, conocido en la ciudad por la fábrica de hielos, en la calle Nebrija.
















































Mucho texto ZzZzZzZzZzZ
Por mucha porquería que contar por culpa de casi todos.
otro “Marío Pombo” de la vida que le da urticaria leer, lee y serás más libre. Te quieren justo así Zzzzzzzzzzz