Alcalá de Henares, 30 de julio de 2025.- “Pavoroso, sencillamente terrible, ha sido el incendio que se ha declarado en Talleres Penintenciarios durante la mañana del jueves. Un tristísimo siniestro, de macabro balance, que bien merece el título de la mayor catástrofe de vidas humanas sufrida por Alcalá en toda su historia”. Así comenzaba su crónica el fundador y editor de PUERTA DE MADRID, Sandalio San Román, sobre el incendio ocurrido el 1 de agosto de 1974 en la antigua prisión de Alcalá de Henares y que costó la vida a trece personas, un funcionario de prisiones y doce reclusos que no pudieron salir del edificio en llamas. Aquel siniestro que el fundador del PUERTA califica como la mayor catástrofe de la historia de Alcalá impresionó a la ciudad si bien es cierto que por número de fallecidos fue mucho peor la explosión del polvorín del 6 de septiembre de 1947 ya que según unas fuentes fallecieron 24 personas y según otras 26.
Pero el incendio de la antigua cárcel quedó en la memoria colectiva de miles de alcalaínos al haber ocurrido en pleno centro de la ciudad donde hoy se erige el Parador de Turismo complutense.
Hoy sabemos que el incendio se originó a las ocho y media de la mañana de aquel 1 de agosto de 1974, de forma totalmente fortuita, en el instante en que uno de los reclusos-operarios conectó el interruptor que ponía en funcionamiento toda la maquinaria instalada en los talleres de carpintería del centro, en la planta baja de una de las alas de la prisión. Una chispa eléctrica provocó la explosión de los gases desprendidos por la gran cantidad de lacas y barnices almacenados en los locales de trabajo.
En esos momentos había unos 200 reclusos en el patio de la prisión que al ver el humo y las llamas trataron de poner a salvo al medio centenar de compañeros que se encontraban en el edificio de los Talleres Penitenciarios, que daba a la calle Santo Tomás de Aquino, frente al antiguo campo de futbol de la Paloma, hoy plaza pública en la que se encuentra el nuevo palacio de justicia. Ese edificio tenía tres plantas.
Con la ayuda de una escalera fueron evacuados 20 presos de la tercera planta, pero el problema estaba en la segunda con una terrible escena. La de varios reclusos pidiendo ayuda por la ventana enrejada mientras el humo y las llamas se acercaban a ellos. En esos instantes ya había personas afectadas por el humo, probablemente fallecidas como consecuencia de la inhalación del mismo. Se paró un camión y con un cable se intentó amarrado al mismo y la fuera motriz del mismo se intentó arrancar la reja para liberar a las personas atrapadas. Sin embargo no se sabe si fue por el fuego o por la fuerza que se utilizó para arrancar la reja que puso alterar la estructura ya debilitada del edificio, pero el caso es que el forjado cayó deplomándose la segunda planta y arrastrando a los reclusos que allí se encontraban.
Pero a partir de ahí y como imprescindible documento histórico, dejemos que sea la crónica de Sandalio San Román, que fue testigo presencial de lo ocurrido como periodista la que nos hable de la magnitud de la tragedia.
La crónica de 1974
Eran las nueve menos veinte de la mañana cuando desde la Plaza de Cervantes vi elevarse una negra columna de humo hacia el cielo complutense. Extrañado, pensé en un principio con irritación que alguien estaba queman-do neumáticos viejos o algo parecido con absoluto desprecio por la polución atmosférica. Movido por la curiosidad, me dirigí hacia allí, con la inquietud de ver que la base de la columna parecía hallarse inquietantemente cerca de la propia plaza Mayor. En efecto, hacía sólo unos minutos que el incendio había sido localizado, y en la misma puerta de la prisión encontré al jefe de Servicios, don Silvestre Coca, concentrado al máximo en el desarrollo de los acontecimientos y tratando de coordinar los medios a su alcance para imprimir la máxima celeridad a las tareas de sofocar el fuego. Nada más verme, me rogó que fuera a la Puerta de Madrid para recibir y guiar a los bomberos de la Base de Torrejón, lo que hice en compañía de un agente municipal, para volver de nuevo al escenario del siniestro, aproximadamente ·un cuarto de hora después. Habían pasado ya los minutos iniciales del rapidísimo incendio, que, pese a que tendría una duración de horas, había escrito ya su tremenda tragedia segando la vida de trece hombres que se encontraban en el taller de carpintería y no pudieron salir.
El paso cerrado
El fuego había comenzado a eso de las ocho y media de la mañana. Según las hipótesis más razonables, al formarse un cortocircuito en el sistema de lacado del taller. El chispazo se comunicó a unos bidones de poliester, que se inflamaron casi instantáneamente y después a otras materias primas altamente inflamables, de uso corriente en carpintería: pintura, barnices, etc. Cincuenta y tres hombres había trabajando ·en ese momento en el taller y con encomiable arrojo trataron de sofocar el incendio, agotando los extintores y luchando con todos los efectivos contra el incendio, que, pese a su esfuerzo, incrementaba sus proporciones rápidamente. Tan rápido como para que, cuando quisieron buscar la salida las víctimas, se encontraron ya el paso cerrado por las llamas. El encargado del taller, que llevaba aún poco tiempo trabajando en el mismo, con otros dos reclusos, pidieron auxilio por una ventana enrejada que da a la calle de Santo Tomás. Les fue enviada una sierra para que intentaran abrirse paso cortando los barrotes, y, al propio tiempo, los guardias paraban un camión para, amarrando una cuerda a la reja, tratar ‘ de arrancarla para abrirles paso. Desdichadamente, los acontecimientos se sucedían con tremenda rapidez, y cuando tal objetivo fue conseguido, al cabo de muy pocos minutos, el fuego había ganado la batalla y era absolutamente inútil el auxilio a don Cipriano Sánchez y sus infortunados compañeros de trabajo. Entre tanto, el edificio, de tres plantas, se había convertido en un espectáculo dantesco, ardiendo en una sola y descomunal llama que parecía abarcar toda su ingente mole, desde el suelo hasta el tejado, que se derrumbaba al embate del fuego. Para dar idea del calor que debió alcanzarse en el interior de las naves, hay que pensar que algunas de las rejas han quedado retorcidas, como consecuencia de que el hierro se vuelve maleable cuando se le somete a una temperatura de quinientos grados centígrados. Los restantes cuarenta reclusos que trabajaban en el taller consiguieron ponerse a salvo ayudándose no pocas veces entre sí, dando pruebas de un elevado espíritu de colaboración y compañerismo, cuando hubieron de evacuar el edificio no pocos de ellos por una ventana situada a quince metros de altura sobre el suelo del patio, para descolgarse con ayuda de las redes de las porterías de fútbol, ya que la escalera resultaba demasiado corla para llegar hasta allí y no había tiempo de buscar otra más larga.
Bomberos
Los primeros que acudieron al lugar del siniestro fueron, naturalmente, los complutenses, a los que pronto siguieron los coches de Torrejón, de la base aérea hispanoamericana, de la Diputación, etc., que comenzaron una denodada lucha contra el fuego para evitar su propagación a los dormitorios y a otras dependencias de talleres. Durante muchas horas -todavía continuaba el ulular admonitorio de las sirenas a las cuatro de la tarde -todos estos servicios contra incendios han tenido que emplearse a fondo, primero para controlar las llamas; y después para reducir los rescoldos. Hasta muy avanzada la tarde continuaba la triste tarea de rescatar los; cadáveres que habían quedado entre los calcinados escombros, con los infatigables bomberos entregados a la labor durante horas y horas sin el menor atisbo de desaliento.
Balance
Doce reclusos, además del encargado del taller, don Cipriano Sánchez, han sido las bajas contabilizadas en el recuento por las autoridades de la prisión. Las esperanzas de encontrarles con vida eran nulas casi desde un principio y la búsqueda entre los escombros ha ido corroborando tal deseseperanza a medida que iban siendo localizados los cadáveres.
La lista de las víctimas es la siguiente:
1 .-Cipriano Sánchez López, encargado, natural de Bejar ( Salamanca) de 39 años, casado.
2 .-Alejandro Cuesta Leal, 26 años de edad, soltero, natural de Minglanilla ( Cuenca).
3.-Adolfo Ferrer Torres, de 28 años de edad, natural de Gandía (Valencia ) , soltero.
4.- Angeli George Marc Herve, 28 años de edad, natural de Niza, de estado desconocido.
5.-José Iglesias Rodríguez, 22 años de edad, soltero, natural de la Encina (león).
6.-Fritz lrlingenz, 23 años de edad, soltero, natural de lustenay ( Austria).
7.-Luis Padilla Garrido, 22 años de edad, soltero, natural de Madrid.
8 .-Juan Francisco Rodríguez Mateoti, 24 años de edad, soltero, natural de Salamanca y vecino de Sama de Langreo (Asturias)
9 .-Ángel Rubio Muñoz, 24 años de edad, soltero, ebanista, natural y vecino de Valencia.
10.-Francisco Serrano Leonardo, 22 años de edad, soltero, natural de Baracaldo y vecino de Lejona, (Vizcaya).
11.-Francisco Sánchez Martínez, 22 años de edad, casado, natural de Tarragona.
12.-Antonio Vargas Velasco, 25 años, de edad, soltero, natural de Madrid.
13.-Santiago Dioni García, 24 años de edad, casado, natural de La Carolina (Jaén) y vecino de Tarrasa.
Las pérdidas materiales no han sido evaluadas aún, pero los destrozos inferidos al edificio, que ha quedado destruido en su totalidad. además de la maquinaria y materia almacenados, hace suponer que la cifra se eleve a varios millones de pesetas.

















































El Alcalaino Manuel Azaña conocido como el asesino de casas viejas o el del pucherazo del 36 tiene muchas obras en nuestra ciudad de Alcalá de como los primeros campos de concentración de vagos y maleantes.