Alcalá de Henares, 15 de junio de 2026.- La procesión del Corpus Christi en Alcalá fue una intensa manifestación de fervor religioso en la fiesta de gloria más importante para el pueblo católico, la de Cristo Sacramentado. Ayer el Santísimo Sacramento obró el milagro y pudo completar su procesión sin el aguacero que ya anticipaba el aviso amarillo por tormenta establecido por la Agencia Estatal de Meteorología y por la Comunidad de Madrid a través de su Agencia de Seguridad y Emergencias.
El aviso amarillo, que llevaba implícito el riesgo de lluvia, estuvo vigente entre las 12 del mediodía hasta las 21 horas de ayer domingo. Y fue a esta última hora, cuando prácticamente la custodia con la Eucaristía había entrado en la iglesia de Santa María, cuando el aguacero comenzó a caer con toda su intensidad.
Hubo años en los que el Corpus Christi fue la fiesta de los niños que durante ese año habían hecho su primera comunión siendo la segunda ocasión en la que lucían el vestido o el traje desfilando en la procesión. Hoy en día, la reducción de las celebraciones de Primeras Comuniones hace que la asistencia de los niños a la fiesta del Cristo Sacramentado sea menos visible. Ayer fueron apenas medio centenar.
En cambio, el Corpus Christi ha alcanzado intensidad y una devoción mucho más universal. La clave fue la incorporación a la celebración de la participación directa de las cofradías y asociaciones y entidades religiosas, desde las más pequeñas hasta las mayores. Desde las de Pasión a las de gloria pasando por las sacramentales.
Este año, como ya adelantó elpuerta.com , la procesión del Corpus Christi se retrasó por la visita del Papa, no así la liturgia en las parroquias. Tras el rezo de las vísperas en la Catedral Magistral se dio el inicio a la procesión. Cofradías y asociaciones religiosas abrieron la comitiva por un recorrido alfombrado con diferentes motivos y materiales para mayor gloria de Cristo en su gran fiesta. Fueron alfombras realizadas por los Scouts de la diócesis, por las Siervas del Hogar de la Madre, por el grupo de oración de madres de la diócesis y todo ello con la participación de la Escuela Diocesana de Evangelización.
En cuanto a los altares los hubo del colegio del Sagrado Corazón de Jesús, de la cofradía del Cristo de la Esperanza y el Trabajo, de la asociación Renovación Carismática, de la cofradía de la Virgen del Val, patrona de la ciudad y alcaldesa perpetua (motivo por el cual su altar estuvo junto a la fachada del Ayuntamiento), de la Asociación Católica de Propagandistas y de la cofradía de la Virgen de la Soledad Coronada, que ante su altar colocó una alfombra con la imagen del Papa León XIV recordando su viaje a España.
Imágenes
Acompañando al Sacramento de Cristo desfilaron las imágenes de los santos complutenses. San Félix de Alcalá fue llevado en andas por la cofradía de Jesús Despojado de sus Vestiduras. San Diego de Alcalá fue llevado a hombros por su cofradía, la del Cristo Resucitado. También participaron los Santos Niños, cuyas imágenes fueron llevadas por los integrantes de su asociación diocesana.
Cerró el desfile la custodia con el Santísimo Sacramento, la hostia consagrada que es el Cuerpo de Cristo. El trono con la custodia fue llevado en andas por los miembros de la cofradía del Santísimo Cristo de la Esperanza y el Trabajo. Fue acompañada la custodia por el obispo complutense, monseñor Antonio Prieto, por la curia episcopal y por sacerdotes y diáconos complutense. También desfilaron miembros de la corporación municipal de los grupos del PP y de Vox con la alcaldesa, Judith Piquet, al frente. La parte musical del desfile lo puso la agrupación Pasión y Muerte de Ajalvir y la Agrupación Musical Jesús de Medinaceli.
A su llegada a la plaza de Cervantes el obispo tomó en sus manos el Sacramento y con Él se dirigió al quiosco de la Música, donde se colocó un altar para la lectura del Evangelio, para las preces y la bendición de Cristo a la Ciudad.
El obispo pidió “por los que más sufren en nuestra sociedad: los enfermos, los ancianos que experimentan la soledad, los pobres, los marginados y excluidos, los que no pueden acceder a un trabajo ni a una vivienda digna, y los que no encuentran sentido a su vida. Pidamos para que, siempre y en todo lugar, se respete la dignidad humana, especialmente para que se respete el derecho a la vida, desde su concepción hasta su término natural. Pidamos por la familia, que es la célula fundamental de la sociedad, para que se promuevan sus derechos y se la proteja de todo aquello que pueda desestabilizarla. Pidamos por la convivencia social, basada en el respeto a los derechos y libertades de cada persona, donde se incluye la libertad religiosa”.
También pidió “por nuestras autoridades civiles y militares. Dios les premie su servicio a la sociedad y les siga dando fuerza en su delicada tarea como servidores públicos. Y pidamos por nuestra Iglesia complutense, fundada sobre el testimonio admirable de los Santos Niños Justo y Pastor. Para que seamos una Iglesia coherente con el Evangelio de Jesucristo, que muestre que no solo de pan vive el hombre, sino también de la Palabra de Dios, que da sentido a nuestra vida”.
Y pidió monseñor Prieto por nuevas vocaciones sacerdotales: “Señor, danos santos y numerosos sacerdotes, porque sin sacerdotes no puede haber Eucaristía ni perdón de los pecados. Concédenos, Señor, que seamos una Iglesia misionera que dé testimonio del amor de Dios por cada persona. Un amor que no desprecia a nadie, que nunca da a nadie por perdido, sino que siempre acoge y siempre perdona”. Finalizó rogando a Cristo la bendición para todos: “Jesús sacramentado, bendícenos. Bendice nuestra ciudad y bendice a nuestras familias, Tú que eres Dios con el Padre y el Espíritu Santo, y vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén”.

















































