Alcalá de Henares, 3 de abril de 2026.- El obispo complutense, monseñor Antonio Prieto, presidió el Jueves Santo el primer monumento del Triduo Pascual en el que se conmemora la Última Cena de Cristo, y en él lavó los pies a doce fieles miembros de la Adoración Nocturna para recordar el lavatorio de pies que realizó Jesucristo a sus doce apóstoles en la Última Cena como acto de servidumbre y amor hasta el final.
Este memorial que repiten el Jueves Santo todos los sacerdotes con doce fieles es el propio del inicio del Triduo Pascual. Durante la ceremonia sonó como en las ocasiones especiales de celebración la rueda de campanillas del templo catedralicio situada entre el órgano Blancafort y el presbiterio.
En los oficios del primer capítulo del Triduo Pascual se conmemora la Última Cena de Jesucristo antes de ser prendido e iniciar su pasión y muerte. Como explicó el obispo en la homilía, el Jueves Santo se conmemoran tres aspectos fundamentales para la Iglesia Católica que forman parte de la liturgia: Es la institución del la Eucaristía, la del sacerdocio y la dación del mandamiento nuevo que dio Cristo, el del amor al prójimo, esto es, el amor fraternal.
Tras la homilía el obispo se quitó los símbolos de su dignidad episcopal, y sobre el alba, que es la túnica base del sacerdote, se ha ceñido una toalla, ha tomado una palangana y lavado los pies a doce fieles.
El Jueves Santo se pone el foco en tres acontecimientos que tienen su origen en la Última Cena: la institución de la Eucaristía, la institución del Orden Sacerdotal y el mandamiento del Señor sobre la caridad fraterna. Por eso la Iglesia celebra cada Jueves Santo el día del Amor Fraterno.
También se recuerda el lavatorio de los pies, que manifiesta el servicio y el amor de Cristo, que ha venido «no a ser servido, sino a servir». Después de la Eucaristía en la Catedral-Magistral de Alcalá de Henares, el Santísimo Sacramento quedó reservado en la capilla de San Pedro para su adoración.

















































