Alcalá de Henares, 18 de abril de 2025.- Mayor fatalidad no cabe y ante ella sólo cabe el consuelo. Un consuelo en el que ha participado la más alta autoridad civil de la ciudad, la alcaldesa Judith Piquet, y la máxima autoridad religiosa, el obispo Antonio Prieto.
Un consuelo obligado ante la desazón de la práctica totalidad de los miembros de la cofradía de la Soledad Coronada. Lágrimas cuantiosas derramadas, tan intensas o más que la lluvia que dejó dentro de la iglesia de Santa María a la Reina de Alcalá, y que ha obligado a regresar al paso del Descendimiento a toda velocidad cuando había recorrido la mayor parte de su trayecto por la calle Libreros. Fatalidad en el mayor grado posible puesto que al dolor de no salir la Reina de Alcalá y procesionar sólo unos metros el Sagrado Descendimiento, se unió el hecho de que al magnífico paso de misterio le cayó una buena tromba de agua.
Fatalidad desde la cúpula de la cofradía, hasta el último de los cofrades, desde su hermano mayor, Enrique Molina, hasta los niños, pasando por los nazarenos y nazarenas y por las señoras de mantilla. Es difícil ver tantas lágrimas en una malograda procesión pero cuando se trata de la Reina de Alcalá todo es en mayúsculas y se multiplica porque para eso la Señora de la Soledad despierta tanta devoción.
Es el trabajo de todo un año el que no se ha podido mostrar a una multitud expectante. Es fatalidad.


















































Saliendo a las 19:30 desde la iglesia de Santa María La Mayor, no se explica cómo se atrevieron a sacar las imágenes (con la predicción de lluvias que había). Y luego, a ponerles unos plásticos mal colocados, para regresar a toda prisa…
Ya podían haber hecho como con la procesión de las 19:00 de Jesús de Medinaceli, que decidieron solamente sacar unos metros la imagen hasta la calle Colegios. ¡No se entiende! Lo mismo que no ponerle un techado a las imágenes para que no se mojen… estando en pleno siglo XXI, por lo que se ve, hay cosas que todavía no cambian.