Alcalá de Henares, 15 de junio de 2025.- En la mañana del 11 de junio tuvo lugar la toma de posesión de los dos nuevos vicarios territoriales de la diócesis de Alcalá de Henares. Tras unas palabras del obispo complutense, Mons. Antonio Prieto Lucena, agradeciendo la disponibilidad de Víctor Manuel Gutiérrez, nuevo vicario de la vicaría centro o de San Félix de Alcalá; y Alberto Morante, nuevo vicario de la vicaría norte o de San Diego de Alcalá, quienes seguidamente realizaron la profesión de fe y el juramento de fidelidad.
«Fue algo inesperado para mí, no me lo esperaba, para nada, el que el obispo me solicitara este servicio. Pero luego, pues pensándolo, dije, bueno, pues todo lo que sea la entrega, el sacrificio, el esforzarme por el bien de mis hermanos, pues siempre es algo que el Señor nos pide. Y yo creo que esa es la clave de cualquier servicio y cualquier cargo en la Iglesia, el darse, entregarse, y desvivirse por amor a mis hermanos«, explica el nuevo vicario de la vicaria centro, Víctor Manuel Gutiérrez.
En el acto estuvieron presentes los miembros del consejo episcopal y el hasta ahora vicario de la vicaría norte o de San Diego de Alcalá, D. José María Sánchez Lamadrid.
Las vicarías territoriales son divisiones geográficas creadas para facilitar la organización pastoral y administrativa de la diócesis de Alcalá en distintas áreas. Son la vicaría de la capital o de Ntra. Sra. del Val; la vicaría norte o de San Diego de Alcalá; la vicaría centro o de San Félix de Alcalá; y la vicaría sur o de los Santos Niños Justo y Pastor.
Al subdividir el territorio diocesano en estas cuatro vicarías, la diócesis busca atender de manera más cercana y efectiva las necesidades espirituales y pastorales de los fieles en cada región.
Cada vicaría territorial está a cargo de un vicario episcopal, que es un sacerdote designado por el obispo con la tarea de supervisar y coordinar las actividades pastorales en su área. Este vicario actúa como representante del obispo en su zona, ayudando a llevar adelante la misión de la Iglesia en estrecha colaboración con las parroquias, comunidades religiosas, y otras instituciones de su territorio.
La función principal de estas vicarías es fortalecer el vínculo entre las parroquias y la administración central de la diócesis, asegurando una comunicación fluida y una respuesta ágil a las necesidades locales.
La estructura diocesana está compuesta por el obispo y su segundo al frente de la diócesis que es el vicario general, Alberto Raposo. A partir de ahí está la vicaría judicial, el órgano de la diócesis de Alcalá encargado de administrar justicia dentro de la Iglesia en asuntos que afectan a los fieles y a las instituciones eclesiásticas, especialmente en temas de derecho canónico.
Su principal responsabilidad es gestionar el tribunal eclesiástico, donde se llevan a cabo procesos relacionados con la validez del matrimonio, asuntos de disciplina clerical, derechos y deberes de los fieles, y otros casos que requieren una resolución judicial de acuerdo con las normas de la Iglesia Católica. Al frente de la misma está Álvaro Fernández.
La estructura se completa con las cuatro vicarías territoriales y con la vicaría de evangelización, que tiene al frente al rector del seminario, Luis Eduardo Morona. La vicaría de evangelización de la diócesis de Alcalá de Henares es un organismo que, en estrecha colaboración con la vicaría general, coordina la acción evangelizadora de las diferentes delegaciones y secretariados de pastoral. Evangelizar es la dicha y vocación propia de la Iglesia, su identidad más profunda. Desde la vicaría de evangelización se trabaja para que todos los que forman parte de la diócesis de Alcalá estén en estado de misión y den testimonio del Dios que han conocido en Jesucristo y en el seno de la Iglesia. Desde la vicaría se impulsa una eclesiología de comunión en la diócesis para que todos los afanes que se llevan a cabo desde las diferentes áreas de acción pastoral, se lleven a cabo de modo coordinado y con “sabor” a familia diocesana para ser más creíbles por estar y trabajar más unidos.
Además la diócesis tiene como órgano la cancillería secretaría general, un organismo administrativo fundamental que se encarga de la gestión documental y la coordinación de las actividades administrativas de la diócesis.
Este organismo desempeña un papel clave en el funcionamiento interno de la diócesis, asegurando que se mantenga un orden y una eficacia en la comunicación y en la gestión de los asuntos eclesiásticos.
Su función principal es llevar el registro de todos los actos oficiales de la diócesis, incluyendo documentos como nombramientos, decretos y disposiciones del obispo, dando fe de la autenticidad y ajuste a derecho de los mismos. Esto incluye la preparación y archivo de actas y documentos relacionados con la vida de las parroquias y otras instituciones diocesanas (asociaciones, movimientos, fundaciones, conventos…).
Además, se encarga de la atención y respuesta a las consultas y solicitudes de los fieles y de las parroquias, actuando como un puente entre la administración diocesana y la comunidad.
La misión de la cancillería-secretaría general es asegurar la correcta gestión y archivo de la documentación eclesiástica, garantizando que toda la información relevante esté disponible y accesible. Además, tiene el deber de promover la transparencia y la legalidad en todas las actuaciones administrativas de la diócesis, contribuyendo así a una buena gobernanza dentro de la Iglesia.
Un aspecto importante de su labor es la gestión de la notaría de matrimonios, donde se registran los matrimonios canónicos, asegurando que todos los requisitos legales y eclesiásticos sean cumplidos. Asimismo, elabora los expedientes matrimoniales que requieren algún tipo de dispensa o cauciones especiales.
El otro organismo esencial es la administración diocesana, que es la responsable de la gestión económica y administrativa de la diócesis.
Esta estructura está dirigida por el ecónomo, un sacerdote designado por el obispo, quien tiene la tarea de supervisar y coordinar todas las actividades relacionadas con la administración de los recursos materiales y financieros de la diócesis.
La función principal de la administración diocesana es asegurar una correcta y eficiente gestión de los bienes y recursos de la diócesis, garantizando que se utilicen de manera adecuada para el cumplimiento de la misión pastoral de la Iglesia. Esto incluye la elaboración de presupuestos, la contabilidad, la administración de propiedades y bienes inmuebles, así como la supervisión de la actividad económica de las parroquias y otras instituciones diocesanas.
El ecónomo tiene la responsabilidad de rendir cuentas al obispo y a los órganos de gobierno diocesano sobre la situación financiera y la gestión de los recursos. Además, debe velar por la transparencia y la legalidad en todas las operaciones económicas, asegurando que las decisiones tomadas estén alineadas con los principios del derecho canónico, la normativa civil vigente y el sostenimiento de la Iglesia. Al frente de la administración diocesana está Pascual Moya.
















































