Alcalá de Henares, 2 de marzo de 2026.- La programación de la Semana Santa en Alcalá arrancó oficialmente el domingo 1 de marzo con la celebración del pregón, que se desarrolló en esta ocasión en la Catedral Magistral. El encargado de pronunciarlo fue Luis Eduardo Morona Alguacil, rector del Seminario Mayor Diocesano de la Inmaculada y de los Santos Niños, además de vicario episcopal de Evangelización. miembro del Consejo Presbiteral, del Consejo de Asuntos Económicos e integrante del Consejo Diocesano de Pastoral de la Diócesis de Alcalá. El suyo fue un pregón muy emotivo para las cofradías puesto que en el mismo realiza un recorrido litúrgico por la Semana Santa a través de lo que representa cada procesión del ciclo penitencial alcalaíno, es decir, las cofradías tomaron el protagonismo del pregón de Luis Eduardo Morona a través del significado que las Escrituras dan a cada una de las imágenes ante las que rezan miles de alcalaínos. Todo ello lo hizo el rector del seminario desde el magisterio espiritual que le confiere su ministerio sacerdotal y su tarea como formador de los futuros sacerdotes de la diócesis de Alcalá.
La alcaldesa, Judith Piquet, asistió al pregón, junto a los tenientes de alcalde Isabel Ruiz Maldonado y Víctor Acosta, y el concejal Antonio Saldaña, un acto que estuvo presidido por el obispo, Antonio Prieto, y que contó con la asistencia de representantes de todas las hermandades, con el presidente de la Junta de Cofradías, Gregorio Manzanares, a la cabeza. Todos ellos y ademas el consiliario de la junta de cofradías, Alberto Morante, intervinieron en el acto acompañando al pregonero. Una eucaristía y un concierto de música procesional a cargo de la Agrupación Musical de la Columna completaron el evento.
En su pregón, Luis Eduardo Morona, apela a la fe de los alcalaínos con bellas y líricas palabras: “Escucha, Alcalá de Henares, ¡mira tu historia y reconoce en ella el martirio de los Niños cuya sangre grita que la gracia de Dios vale más que la vida, la protección maternal de aquella perla, pequeña y valiosa, de este bendito valle que te ofrece en su Ermita y en su Capilla magistral la caricia que sólo una madre sabe darnos, y la presencia eucarística del divino Amante que quiso en la incorrupción de esas 24 Sagradas Formas, tan lloradas como anheladas, darte una señal de que sólo el amor crucificado salva y redime!”.
Añadió el rector del seminario: Escucha, Alcalá de Henares, mira: inclina tu oído acostumbrado a escuchar lecciones y sermones que han enriquecido tus aulas y tus iglesias. ¡Inclina el oído, Complutum romana! y escucharás el más bello canto jamás proclamado por las gargantas de esos dos Niños cuyas voces se apagaron para encenderse en la eternidad dichosa y que son los pequeños más grandes de la Historia de nuestra Ciudad. ¡Inclina el oído, castillo viejo a la otra orilla del río de nuestro Valle! y podrás escuchar la historia del amor de una Madre por sus hijos, que sacada de las entrañas de la tierra, se ha querido quedar con nosotros para siempre.
“Manos atadas”
El pregón estuvo presidido por la imagen del Cristo del Silencio en su Flagelación, la imagen de las Carmelitas Descalzas. La razón es que para el sacerdote como para la fundadora de la orden de las Carmelitas, Santa Teresa de Jesús, las llagas de Cristo con las manos atadas a la columna son un perfecto símbolo del momento que los cristianos celebran en Semana Santa. Por eso Morona citó la experiencia de Teresa de Cepeda y Ahumada al ver una imagen de Cristo amarrado en el momento de la Pasión: “Era de Cristo muy llagado y tan devota que, en mirándola, toda me turbó de verle tal, porque representaba bien lo que pasó por nosotros. Fue tanto lo que sentí de lo mal que había agradecido aquellas llagas, que el corazón me parece se me partía”.
Y el propio rector del seminario dedicó palabras muy sentidas a este momento con toda su simbología penitencial: Son para él “manos atadas con los nudos de nuestra indiferencia ante el mal del mundo, atadas por las trampas que nos ponemos unos a otros en la rivalidad que nos remonta a Caín, ahora llamada polarización, atadas las manos por los ruines lazos de la miseria consentida y vergonzante de los que nada tienen, manos atadas por las sogas de tantas adicciones que nos ahogan y anestesian”.
A partir de ahí el sacerdote hizo ese recorrido por la Semana Santa complutense a través de sus cofradías, imágenes y procesiones.
“Belleza y hondura”
Por su parte la alcaldesa alabó “la belleza y la hondura” del pregón y aprovechó para invitar a vecinos y visitantes a “vivir y sentir con el alma y con todos los sentidos” la Semana Santa de Alcalá, “unos días que, por un lado, invitan al silencio, al recogimiento y la meditación y, por otro, a la expresión popular de la fe, en el incomparable teatro histórico y monumental que conforman los templos y capillas, los conventos y monasterios, y las calles y plazas de su casco antiguo Patrimonio Mundial”.
En ese sentido, la alcaldesa tuvo palabras de reconocimiento y gratitud para el movimiento cofrade, “en el que cerca de 4.000 vecinos de todos los barrios y distritos de la ciudad, de todas las edades, de todas las procedencias y de todas las ocupaciones, permanecen unidos a lo largo de todo el año por la oración, por la veneración y por el servicio a los demás en las cofradías y hermandades. Y que llegada la Cuaresma dan rienda suelta a su fervor y a su sentimiento en los cultos y en las estaciones de penitencia, que permiten a su vez mostrar y reconocer la diversidad y la riqueza de la sociedad alcalaína”.
El obispo también invitó a los fieles a vivir con fe la celebración de la Pasión y Muerte de Cristo y recordó sus palabras pastolares de Cuaresma: “la Iglesia quiere despertarnos de nuestro aturdimiento, que nos sumerge en el materialismo y el egoísmo”. (Fotos Baldo)

















































