Alcalá de Henares, 1 de enero de 2025.- Carreras de San Silvestre hay ya muchas en España pero empezar el año nuevo realizando una subida al punto geográfico más alto de una localidad como una fiesta deportiva, sin ningún afán competitivo es algo que probablemente sólo ocurra en Alcalá con la subida al Ecce Homo, y no tanto por ser una manera de hacer deporte el 1 de enero, que es algo que afortunadamente cada vez más gente hace, sino por el sentido de relaciones sociales que tiene esta cita ya tradicional de los atletas de Alcalá.
Este año se ha celebrado vigésimo tercera edición de la subida de año nuevo al Ecce Homo. Se trata del punto más alto de la geografía complutense con sus 835 metros sobre el nivel del mar Mediterráneo y sus 200 metros de prominencia. Hay que tener en cuenta que la plaza de Cervantes de Alcalá está a 592 metros sobre el nivel del mar y que el Ecce Homo se eleva por encima del valle Henares al que domina con su forma tabular.
En una gélida mañana que a la hora de la partida estaba por debajo de los cero grados de temperatura, se han reunido 140 corredores lo que es todo un récord histórico de participación. Todos ellos han realizado la subida con un ritmo cómodo para permitir ir en un grupo homogéneo sin que se descolgaran los corredores menos fuertes. No se trata de hacer una subida competitiva sino social y festiva. Además, han estrenado los recientes arreglos en los caminos que suben al Ecce Homo que está haciendo la Comunidad de Madrid, y que les han hecho más “cómoda” la subida, que como todos los años se ha hecho a ritmo de los corredores más lentos.
De entre los corredores, han tenido la visita de Arsenio Gomez Alcalá, que con sus 85 años, sigue sin perderse la oportunidad de acercarse a saludar a los participantes, También han tenido la baja de Fernando Narro, agente forestal, y coorganizador de la subida, que le ha tocado estar en el hospital haciendo compañía a su madre, recientemente ingresada.
El atleta y coorganizador Javi García Morán reconoce que “mientras subíamos, iba pensando en los cambios que se están dando, desde la primera edición, donde era infrecuente cruzarnos con alguien, a los últimos años, donde por ejemplo este año a las 11 de la mañana, cuando hemos salido, el aparcamiento ya estaba lleno, con los caminos repletos de ciclistas, corredores y caminantes, muchos de los cuales, tenían también como destino el Ecce Homo”.
Esta iniciativa deportiva no competitiva es todo un éxito por haber sido creada por un grupo de amigos, de deportistas, que la vienen desarrollando año tras años y que es una bonita costumbre de empezar el año.
El día 1 de enero es el día de los buenos propósitos pero que a menudo se quedan en eso, buenos propósitos incumplidos. Sin embargo no es el caso para los atletas complutenses vinculados muchos al club Ajalkalá pero también a otros clubes.
Lo bonito del encuentro es que, aunque van faltando algunos de los corredores más veteranos que comenzaron en los inicios, siempre viene gente nueva, y muy joven que según reconocen les gusta mucho la experiencia, por lo que el relevo organizativo se va fraguando.
El espíritu de esta iniciativa de los atletas es el mismo de todos los años, y suben en animado grupo al ritmo que marcan los corredores más lentos. Lo bonito del encuentro es que, aunque van faltando algunos de los corredores más veteranos que comenzaron en los inicios, siempre se incorpora gente nueva, y muy joven que según reconocen les gusta mucho la experiencia, por lo que el relevo organizativo se va fraguando.
Aun algunos recuerdan aquella primera edición de la subida al Ecce Homo cuando 17 corredores desafiaron el frío de aquel lejano 1 de enero para hacer la locura de subir corriendo el cerro cuando la mayor parte de la población dormía en sus casas después de una larga noche de celebración.
Por eso la cita triunfó porque al final es el deporte en su estado más puro, sin ánimos de competir, con la única pretensión de divertirse y de empezar el año de la manera más saludable posible, lo que prima en una de estas actividades que nacen de forma espontánea pero que se convierten rápidamente en algo muy querido.

















































