La Fundación Antezana ofreció en el sábado día 17 de mayo una animada recreación histórica que mostró cómo funcionaba el Hospital de Antezana en el siglo XVII: un espadachín resulta gravemente herido en un duelo en la calle Mayor, pero es llevado al Hospital de Antezana, donde salvan su vida gracias a las oraciones, a los alimentos y a los buenos oficios médicos del benemérito Hospital.
El Hospital de Antezana, situado en la calle Mayor junto a la Casa de Cervantes, fue fundado en 1483. Desde entonces lleva atendiendo ahí a pacientes necesitados. Así quedó de manifiesto con una espléndida actuación que reprodujo una típica atención de urgencias del siglo XVII, cuando el Hospital ya era más que centenario.
En la calle Mayor
La obra teatral, ofrecida por la Fundación Antezana, tuvo dos representaciones: una a las doce del mediodía y otra una hora después. La acción comenzaba en la calle Mayor, donde un espadachín se enfrentaba a otros dos y abatía a uno de ellos, pero acababa herido por el otro. Cuando éste estaba amenazando con rematarlo en el suelo, era retado por una dama cuyo desafío tenía que aceptar ante la obcecación de la dama, que advertía: “Mi padre fue Capitán de los Tercios y yo aprendí a usar la espada antes que el abanico”.
Efectivamente, la dama demostraba su destreza con la espada y mantenía un equilibrado duelo con su rival hasta que llegaba la Guardia Real de Su Católica Majestad Felipe IV, que enseguida separaba a la dama y al otro. Éste reconocía y amenazaba al propio jefe de la Guardia, que sabiamente respondía:
– No te veía desde que estabas en galeras. Entonces te faltaba lengua y ahora te sobra. Ya habido hoy bastante acero. Si acepto tu desafío, uno de los dos no verá el próximo amanecer. Y el que seguro que no lo verá es él, si no lo atendemos ya -decía refiriéndose al espadachín herido, que a continuación era introducido en el Hospital sentado en una camilla de la época, portada por dos de los guardias. Terminaba así el primer acto y, dentro del guion de la función, una actriz invitaba a los espectadores a presenciar el segundo acto, ya en el interior del Hospital.
En el Hospital
El patio del Hospital se llenaba de público y empezaba el segundo acto, con los dos guardias trayendo al espadachín herido y pasándolo de la camilla a una mesa del Hospital. Entonces una de las enfermeras pedía un médico:
– ¡Que venga Saavedra!
– No, Saavedra es sangrador. Que venga el cirujano Don Luis -decía otra enfermera.
Enseguida Don Luis bajaba del piso superior del Hospital por las escaleras y procedía a examinar al espadachín herido:
-Por ventura ha sido una punzada limpia, aunque tocó el hueso.
Al lado, un fraile seguía leyendo la Biblia y pidiendo oraciones por el espadachín herido, a lo que una enfermera replicaba:
– Más vale pedir medicinas. Mientras el rezo llega, la gangrena adelanta.
– Los dos tienen razón. El cielo ayuda y la ciencia también -respondía el cirujano Don Luis-. Para este caso la mejor medicina es el vino tinto: cerrará la herida mejor que la pólvora.
Así ocurría. Los doloridos gritos del espadachín herido eran la prueba de que su herida estaba cicatrizando gracias a los apósitos empapados en vino tinto.
Entonces el cirujano acudía al pozo a lavarse las ensangrentadas manos, señal de que ya había terminado la operación con éxito. Sin embargo, aún faltaba el beneficio final para el paciente, como anunciaba una enfermera:
– Tenemos otra buena medicina: el cacao. ¡Marchando un chocolate negro y espeso
La dulce y densa bebida terminaba de sanar definitivamente al espadachín herido, que incluso llegaba a levantarse, poniendo así el broche a la función entre el largo aplauso del público.
Seguidamente los protagonistas saludaban al público, que respondió a las proclamas finales de los actores: “¡Viva el Hospital de Antezana! ¡Viva Alcalá! ¡Viva España! ¡Vivan los Tercios! ¡Viva Su Católica Majestad Felipe IV!”

















































