Alcalá de Henares, 8 de marzo de 2026.- La Comunidad de Madrid trabaja en un proyecto de iluminación para exponer de forma permanente y con criterios científicos de conservación la habitación relicario cedida ante notario a la diócesis de Alcalá por la Orden Cisterciense. La donación contó con el visto bueno de la Santa Sede y está a la espera de mostrarse permanentemente como una nueva joya de patrimonio histórico en Alcalá puesto que estamos ante un nuevo monumento artístico y espiritual que ya esta en el antiguo monasterio de las Bernardas. La sala relicario, un enorme lipsanoteca, data del siglo XVII y tiene más de un millar de reliquias de santos de entre las que destacan las de los cuatro Padres de la Iglesia, San Agustín de Hipona, San Ambrosio de Milán, San Jerónimo de Estridón y San Gregorio Magno que son reconocidos por su influencia en la formación de la doctrina cristiana y su papel en la expansión del cristianismo a lo largo de la historia, o las de otros santos muy populares como San Juan Bosco, el fundador de los Salesianos. En la llegada a Alcalá de esta joya, procedente de Boadilla del Monte y antes de Madrid, intervinieron de forma decisiva el que fuera vicario general Florentino Rueda y el director de la oficina técnica del obispado, el arquitecto José Luis González.
La sala relicario del monasterio del Santísimo Sacramento fue una de esas oportunidades que surgen cuando se está muy atento y se aprovecha poniendo toda la capacidad de persuasión. Fue así como actuaron el que fue vicario general y el que sigue siendo arquitecto de la diócesis cuando tuvieron conocimiento del cierre del convento de las Bernardas de Boadilla del Monte y la venta del mismo para el sostenimiento de la Orden Cisterciense. En su interior se encontraba un auténtico monumento en sí mismo, la habitación relicario con 259 piezas entre lipsanotecas y elementos decorativos en cuyo interior están las reliquias de más de un millar de santos para su veneración.
Persuasión
Fue a partir de ahí donde los representantes de la diócesis de Alcalá pusieron todas sus dotes de persuasión para conseguir que esa joya se viniera a la ciudad complutense. Evidentemente el mayor atractivo para la Orden Cisterciense era el poder donar la sala para que pudiera estar en un auténtico monasterio como el de Alcalá, una joya ya en propiedad de la diócesis complutense. Su monumentalidad, el hecho de estar recién rehabilitado y la voluntad del obispado de Alcalá de abrir al culto y a la exposición artística esta magnífica sala relicario fueron claves para la persuasión.
Pero había aspectos legales que atender para evitar problemas. Para empezar era necesario reclamar una protección patrimonial que evitara cualquier posibilidad de que la sala se desmembrara con algún reparto de reliquias o de sus elementos. Fue ahí cuando entró la Comunidad de Madrid, que declaró en 2024 esta joya como Bien de Interés Cultural dotando de la máxima protección al conjunto.
El Consejo de Gobierno de la Comunidad de Madrid dio entonces un paso significativo en la preservación del patrimonio cultural al declarar Bien de Interés Cultural (BIC) el relicario del monasterio del Santísimo Sacramento, perteneciente a las religiosas Bernardas, ubicado en Boadilla del Monte. Esta decisión, enmarcada en la categoría de Bienes Muebles, destaca la relevancia histórica y artística de las piezas que conforman el relicario, subrayando la importancia de su conservación para las generaciones futuras.
Máxima protección
El relicario del monasterio de las Bernardas no solo es un tesoro del arte religioso, sino que también representa un testimonio tangible del fervor espiritual y la devoción que han caracterizado la historia de la orden religiosa. El conjunto incluye diversas piezas de orfebrería, esculturas y otros objetos litúrgicos que, juntos, narran siglos de fe y tradición en la región madrileña. La declaración como BIC garantiza una protección especial, lo que implica la implementación de medidas específicas para su mantenimiento y difusión cultural.
Esta declaración no es solo un reconocimiento del valor material de las piezas, sino también una reafirmación del compromiso de la Comunidad de Madrid con la protección del patrimonio cultural en todas sus formas. Al destacar la importancia de estos objetos, las autoridades buscan promover un mejor conocimiento y apreciación del legado histórico entre los ciudadanos. Además, esta iniciativa podría abrir nuevas puertas para la investigación histórica y la divulgación educativa, permitiendo que tanto expertos como el público general puedan acceder a un fragmento esencial de la historia religiosa y cultural de la región.
Donación
El siguiente paso fue la donación legal que se realizó ante notario por parte de la Orden Cisterciense a la diócesis de Alcalá, todo ello con el necesario visto bueno de la Santa Sede porque no hay que olvidar que lo que se expone en el relicario son reliquias, es decir, restos de santos en este caso, y algunos de ellos tan importantes como son los cuatro Padres de la Iglesia. Es decir, no sólo estamos ante un conjunto de incalculable valor histórico y artístico, sino también de la máxima importancia espiritual.
Con todos estos trámites resueltos sólo quedaba el traslado pieza a pieza de la habitación desde Boadilla del Campo a Alcalá. Y tampoco fue algo sencillo. En ello intervino también la Comunidad de Madrid a través de la dirección general de Patrimonio al frente de la que está el exalcalde de Alcalá, Bartolomé González, quien como alcalaíno puso también todo de su parte en el empeño.
Para empezar hubo que hacer un traslado especial de la sala pieza a pieza con sus reliquias. Se elegió el mes de septiembre de 2025 como el momento más favorable y se hizo en un transporte especial para que ningún cambio de temperatura pudiera alterar ni los elementos artísticos de la gran lipsanoteca, ni tampoco las reliquias de los santos.
Una vez en Alcalá la sala se montó pieza a pieza en el lugar en el que va a estar expuesta permanentemente dentro del antiguo monasterio de las Bernardas y en estos momentos se trabaja en un proyecto de iluminación museística que asegure también la conservación del conjunto que también está financiado por la Dirección General de Patrimonio de la Comunidad de Madrid.
El conjunto y su historia
El relicario del monasterio del Santísimo Sacramento de las religiosas Bernardas es una sorprendente estancia que conserva más de un millar de reliquias y objetos, alguno de gran calidad artística, acumulados a lo largo de la historia de esta orden desde su fundación en 1615.
El Relicario del Monasterio del Santísimo Sacramento es uno de los escasos ejemplos que se conocen de estancias especialmente diseñadas para conservar numerosas reliquias. Esta habitación relicario conserva las trazas originales de los tiempos de la fundación. Un espacio que reúne piezas desde su origen en el siglo XVII hasta el siglo XX, y que no es habitual en templos de estas características, siendo más propio de conventos o monasterios de fundación real o por personajes de alta nobleza. Algo que hace de este Relicario del Monasterio del Santísimo Sacramento un ejemplo excepcional.
La estancia mide 11,75 m de largo, 6,15 de ancho y 4,30 de alto. Tiene por tanto una superficie de 72 metros cuadrados. Sus cuatro paredes están cubiertas por paneles de madera dorada y el techo está decorado con pintura sobre lienzo. Dichos paneles y lienzos, junto con los diferentes bienes culturales que se guardan en su interior, conforman el conjunto de bienes muebles protegidos por la Comunidad de Madrid.
Se trata de un conjunto de gran calidad artística, que se aprecia tanto en esa madera dorada que cubre sus muros y en la pintura que cubre el techo, de tipología manierista, y que algunos autores atribuyen a Juan Gómez de Mora; como en la cantidad de reliquias y objetos que contiene. Algunos proceden de talleres italianos del siglo XVII o de talleres madrileños cercanos a la Corte, incluyendo muebles excepcionales, como un armario-oratorio portátil o el mueble-retablo del altar mayor.
El Monasterio del Santísimo Sacramento fue fundado en 1615 por don Cristóbal Gómez de Sandoval y Rojas de la Cerda, primer duque de Uceda y valido de Felipe III, cargo en el que sucedió a su padre, el primer duque de Lerma. Se situaba junto a su residencia, en la calle Mayor de Madrid. De sus características estilísticas y algunas noticias documentales, se deduce que el relicario fue diseñado en los años fundacionales del monasterio.
El 21 de junio de 1615 se trasladó allí un grupo de religiosas procedentes del convento de Santa Ana de Valladolid, instalándose en unas casas que el duque había comprado para tal fin, junto a su palacio. Tal y como Patrimonio de la Comunidad de Madrid ha documentado, y de acuerdo a las características estilísticas del mobiliario que conforma el espacio, de la decoración del techo y de los relicarios que en él se contienen en su ubicación actual, se puede concluir que ya en 1616 debía de estar construido el relicario y que tenía funciones de iglesia para celebrar la liturgia monástica, aunque con carácter provisional.
El convento, parcialmente derruido durante la Guerra Civil, fue demolido en los años 70 para construir un bloque de apartamentos, salvándose la iglesia, que fue adquirida por el Ministerio de Defensa en 1979 para albergar la iglesia Arzobispal Castrense de la I Región Militar, función que desempeña actualmente.
Las Bernardas, se trasladaron a Boadilla del Monte en 1979. El relicario se trasladó desde Madrid, pieza a pieza, hasta el convento de Boadilla donde se habilitó una estancia que reproducía la original. No fue esta la primera vez que se salvó. En la Guerra Civil uno de los operarios al servicio de las monjas en el convento de Madrid propuso ocultarlo para evitar su posible expolio durante la contienda. Se tapió ocultando la estancia, y eso permitió que se conservara intacto.

















































